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Elecciones en Ucrania: ¿Una victoria de la democracia?

(Por Agustín Bethencourt)

Preguntas las hay de muchos tipos. Y es habitual encontrarlas en los encabezados de los artículos con un uso retórico que delata las intenciones del autor. No es este el caso. Y por una sencilla razón: sobre lo que está pasando en Ucrania el autor tiene más dudas que certezas. Eso sí, tener dudas a veces es sano. Y si dudas tuvo sobre los resultados de las “primeras elecciones” en las que ganó Yanukovich, no menos dudas le quedan de que la victoria de Yushenko, el ganador de las “segundas elecciones”, sea una verdadora victoria de la democracia.

En esta historia, como si de una novela de Tolstoi se tratara, hay demasiados protagonistas como para que podamos hacer un juicio sumarísimo sobre la bondad o no de los resultados de las elecciones en un país que tiene la misma población que Polonia o España; un Estado, en otras palabras, comparable con los de tamaño medio de la Unión Europea. Pero, ¿de qué protagonistas hablamos?

En primer lugar, claro está, están los propios ucranianos, de los que no se puede decir que sean un pueblo homogéneo. La zona este, fuertemente industrializada y motor de la economía ucraniana, es ruso-hablante y de mayoría ortodoxa (la religión ortodoxa es mayoritaria también en Rusia). Yanukóvich era “su” candidato.

La parte occidental de Ucrania, colindante con Polonia, es la más pobre. La población allí habla ucraniano y es mayoritariamente católica. Es en esta zona donde se dan con mayor frecuencia episodios de reivindicación nacionalista con respecto a Rusia (no hay que olvidar que Ucrania fue parte primero del Imperio Ruso y después de la Unión Soviética). Yúshenko era “su” candidato.

Y están también los ucranianos que viven fuera de su patria. Los que han emigrado a Rusia son cientos de miles y están ampliamente integrados. Tanto es así, que al ucraniano no se le considera en Rusia un extranjero, sino más bien un habitante de “otra región”. Y esto tiene sus causas históricas, que se remontan casi a tiempos inmemoriales. Efectivamente, el origen de la actual Rusia es la Rus’ de Kiev. Fue allí donde nació el Estado que más tarde trasladaría su capital a Moscú. De modo que, en la cultura rusa, Kiev tiene un significado casi legendario: el lugar donde nació Rusia. De este modo, en lengua rusa, preguntando se llega, no a Roma, sino a... Kiev.

No es tampoco superfluo el significado del sintagma “U krayna” (Ucrania) en lengua rusa. “U krayna” quiere decir “junto a la frontera”. “Junto a” y no “más allá de”. Este simple matiz despierta en la mente del ruso-hablante una calidez lingüística que no está exenta de cariño hacia el vecino (que no hacia el extranjero).

Pero si hablamos del éxodo ucraniano a Rusia, no podemos olvidar tampoco los vínculos que han existido y siguen existiendo entre las elites rusa y ucraniana. Si durante la época soviética tuvimos un “zar” ucraniano, Nikita Jrushov, que regaló (sic) a Ucrania la península de Crimea, zona ruso-hablante y donde se encuentra el importante puerto de Odessa, en el Mar Negro, en la actualidad, durante la época post-soviética, no podemos decir, ni mucho menos, que las relaciones entre esas elites sean buenas. Lo que no ha impedido a Rusia intentar hacer valer su influencia durante las elecciones presidenciales. Efectivamente, ya nadie duda de que importantes sumas de dinero y el asesoramiento de especialistas en mercadotecnia política llegaron desde Rusia para apoyar al candidato “pro-ruso”, Víktor Yanukóvich. Se especula, incluso con la posibilidad de que expertos del FSB (servicios secretos rusos) participaran en la campaña electoral.

Muchos protagonistas, decíamos: ucranianos, rusos... ¿Y qué papel han jugado en todo esto la Unión Europea y los Estados Unidos?

Mucho se podría hablar del papel que los Estados Unidos se han autoasignado como “gendarmes del Nuevo Orden Mundial”. Aquí sólo lo haremos y brevemente en lo que respecta a las relaciones entre Norteamérica y Rusia. Tengo para mí que los Estados Unidos han dado por finalizada la Guerra Fría tan sólo en lo que se refiere a la existencia de un rival digno de ser temido y tenido en cuenta. En todo lo demás, en la carrera por la hegemonía mundial (desde allí los hay que consideran que se trata de una lucha por la “hegemonía del bien frente al mal”), continúa y no ha hecho sino manifestarse más claramente después del 11 de septiembre de 2001 (bombardeos sobre Afganistán, ocupación de Irak...). Incluso si aceptamos y damos por buena la teoría norteamericana de que estamos en guerra contra el terrorismo internacional, ello no impide que la política exterior norteamericana en el área post-soviética tenga otra u otras finalidades paralelas o incluso prioritarias.

En mi opinión, los Estados Unidos están intentando convertirse en la potencia dominante no sólo en Oriente Medio, sino también en Asia Central. Para lograr esto, necesita debilitar a Rusia “desde dentro”, facilitar situaciones de inestabilidad en sus fronteras que desvíen la atención hacia otros problemas y ralenticen su capacidad de reacción. En este sentido cabría preguntarse si el conflicto de Chechenia se sigue prolongando sólo por la torpeza política del Kremlin, si no hay otras partes interesadas en la continuación de esta guerra. Pues bien, en esta línea de desestabilizar las fronteras de la Federación Rusa la “revolución” de los partidarios de Yúshenko satisface plenamente los deseos de los Estados Unidos en esta zona. Lo cual no quiere decir que EEUU esté directamente detrás de todo el tinglado. Pero tampoco lo contrario. Con lo que las dudas persisten y si el Tío Sam no estuviera metido en este lío, le habrían salido aliados espontáneos cuando más los necesitaba.

¿Y qué pasa con la Unión Europea? Si nos remontamos al siglo XIX, mucho antes de que existiera este ente supranacional, ya uno de sus estados componentes, el Reino Unido, andaba enfrascado en una guerra contra el Imperio Ruso: la guerra de Crimea. Su propio nombre ya nos deja claro que uno de los centros de interés de este conflicto era la Península de Crimea, en la actual Ucrania. En aquel momento ya el Reino Unido estaba interesado en controlar el Cáucaso, objetivo para el cual la independencia de Ucrania era un medio muy efectivo. ¿Y por qué iban a ser ahora diferentes las cosas?

Por otro lado, eso que llaman PESC (Política Exterior y de Seguridad Común) en la jerga administrativa de la UE podría quizá también explicar el interés de la Europa unida en todo este asunto. Ese interés quedó patente en las diferentes reuniones de mediación entre Yanukovich y Yushenko. Allí estaban presentes, además del Presidente de Ucrania, Leonid Kuchma, y del presidente de la Duma Estatal Rusa (Cámara Baja), Borís Gryzlov, nada menos que tres personas directamente vinculadas con la Unión Europea: los primeros ministros de Polonia y Lituania, y el Alto Representante para la PESC de la UE, el archiconocido político, Javier Solana. Que una de las partes interesadas era la Unión Europea está fuera de toda duda. El por qué, lo desconozco. Otra pregunta más para la que no tengo respuesta.

Hablábamos de las partes interesadas... Este tema, desde luego da mucho más de sí. Podríamos hablar también de las posibles consecuencias de la victoria del candidato “pro-occidental” para Rusia, del riesgo real de fraccionamiento que ha vivido Ucrania durante algunas semanas y de otras cuestiones. Pero esto lo dejamos ya para otro artículo. Para la próxima semana, pongamos. Así que hasta entonces.

ICAN: The Rocky Horror picture show

(daniel bellón)
¿Recuerdan esta peli? Era un desfile de personajes estrafalarios, monstruos que daban más risa que miedo, a ritmo de rock and roll. Se trata de un clásico "friki", y viendo el proceso de ruptura de CC-ICAN, es que no puedo evitar que se me venga a la cabeza. No pensaba dedicarle un segundo de mi tiempo a semejante espectáculo local, pero, tras la entrada de Agustín he pensado que podría compartir con ustedes algunas reflexiones, que, de entrada, son radicalmente personales y reflejan únicamente mi experiencia individual. Si alguien más se siente reflejado, pues bienvenid@. Si alguien quiere contar su propia experiencia de esta historia, ya saben, aquí es muy fácil hacerlo.

Yo no llegué a conocer el apogeo de Unión del Pueblo Canario; por pura cuestión de edad sólo alcancé su explosión en múltiples virutillas, en una sopa de letras que reflejaba el personalismo subyacente en los supuestos líderes de aquel proyecto tan ilusionante,y, entre otras cosas, la presencia de la divisón insulareña dentro del primer proyecto popular que, de verdad abogaba por una Canarias con condición nacional. En fin, lo dicho, cuando yo andaba en edad de interesarme por la política y las luchas sociales, por expresarlo de algún modo, UPC explotaba en mil grupitos, a ver si la memoria no me falla... Asamblea Canaria, INC, PRC, PUCC-MIRAC (llamado más tarde UNI), qué se yo...

Fuera de esa explosión se quedó el Partido Comunista, ya a la sazón dirigido por Jose Carlos Mauricio, que vivió el ascenso de UPC como una seria y peligrosa enfermedad. EL PC se vio arrastrado poco más tarde por sus propias crisis internas a nivel estatal e internacional. Esas crisis llevaron a algunos líderes comunistas a descubrir el nacionalismo como ideología ancla a la que agarrarse para no diluirse (Slovodan Milosevic, entre otros, hizo algo parecido y en las mismas fechas...).

Bien,como les dije, yo no estuve en la explosión de UPC, y las múltiples crisis del/los Partidos Comunistas (creación de ICU, escisión "galleguista", etc, las viví como algo ajeno. Pero sí estuve en un congreso, que, hablo de memoria, se debió celebrar en el año 88 en el hotel Mencey de Tenerife. El congreso que unificaba a Asamblea Canaria y a Izquierda Nacionalista Canaria en una sola fuerza política: Asamblea Canaria Nacionalista. Ambas fuerzas tenían un origen semejante: los movimientos cristianos de base, pero desarrollados de diferente manera y en diferente lugar. AC era un movimiento vecinal convertido en fuerza política y que accedió tempranamente al poder local, generando, es justo decirlo, una auténtica transformación en los entonces miserables municipios del Sureste grancanario. INC era la rama política del sindicato CANC (Confederación Autónoma Nacionalista Canaria) con fuertes raíces en los movimientos cristianos y en cierta raiz libertaria de perfil pestañista (De Angel Pestaña, lider de CNT que llegó a fundar un "partido libertario" en el año 35 y que abogaba por aprovechar las instituciones para defender el modelo social que en aquellos entonces propugnaba el sindicalismo)y con presencia limitada a la isla de Tenerife. Bien, como decía, estuve en aquel congreso de unidad en el que asistí a una pieza de oratoria fantástica por parte del recién nombrado secretario general de ACN: José Mendoza. En su discurso, Mendoza habló de la necesidad de pacificar las relaciones políticas de la izquierda canaria. Era la puerta abierta a la convergencia con ICU (las nuevas siglas del PC en Canarias) para crear una fuerza política de izquierda de nuevo cuño, que acabara con las feroces guerras entre ambas organizaciones(los teldenses de cierta edad las recordarán bien) y que fuera una esperanza para las y los canarios que se consideraran de izquierda (en otra ocasión entramos en el debate de conceptos, ahora solo trato que se me entienda más o menos) y que veían la necesidad de un proyecto nacional para Canarias, en ese sentido, anunciaba ya un pequeño resquicio que permtiera hablar con organizaciones nacionalistas "no de izquierdas". Y yo fui uno de los que saludó con alegría esa convergencia.Ya estaba bien de guerras intestinas.Poco después Hubo elecciones autonómicas y, sin embargo, los resultados no fueron los esperados, creo que se obtuvieron cinco diputados regionales, vaya... Si se piensa ahora no estaba mal, pero lejos de la expectativas que se habían creado.

Creo que ahí ICAN tenía al menos dos opciones: una muy antipática, a saber: mantener una línea de cierta coherencia (yo ya no pido coherencias absolutas a nadie, aprovechar la posición que se tenía en el parlamento canario y ser una fuerza activa de oposición, tanto al PSOE como a las AIC, partidos gobernantes en aquel entonces, y asumir un crecimiento lento, pero firme. En otras latitudes otras fuerzas "similares" a ICAN optaron por ello: El Bloque Nacionalista Galego en Galicia, Iniciativa Verts y Esquerra Republicana en Cataluña... No parece que les haya ido mal.

Pero una generación de líderes de la izquierda canaria, herederos de luchas históricas:aparceros, guaguas, portuarios, médicos, maestros, y tantas otras... optaron por otro camino: un camino que garantizaba el acceso a consejerías y direcciones generales de manera más inmediata. Es comprensible, la lucha es dura, quema, revienta a veces, y muchos de estos líderes se empezaban a ver más cerca de los cincuenta que de los cuarenta. Esas cosas también influyen.... Ese camino, ese "atajo" era Coalición Canaria, pactar, más aun, integrarse en una coalición, con los representantes históricos del poder económico y social en Canarias, convertidos a un "nacionalismo de nuevo cuño", identificado fundamentalmente con la consolidación sus posiciones de poder social y económico. Las familias que ATI representa, en particular, mandan en Tenerife desde que culminó la conquista, casi sin solución de continuidad...Las AIC eran la coalición de caciques locales, ni más ni menos... Cuando Lorenzo Olarte en algunos artículos en aquel entonces, calentando motores, hablaba de "lo nuestro", siempre me surgía la misma pregunta: ¿Qué carajo era eso "nuestro", que se suponía que yo compartía con Olarte? En esa pregunta sigo.

Y en ese momento es cuando ICAN muere, sus miembros no; cada uno se ha ido buscando la vidilla con mayor, menor o eventual fortuna. Y no hacía falta ser un fino analista político para saber qué iba a suceder, porque la tendencia natural en todas partes es que el pez grande con ideas claras se coma al chico que ha perdido el norte tras una golosina. Lo que hemos visto desde las últimas autonómicas no es más que eso,aprovechando una clara debilidad electoral, eso, y el fin de un ciclo histórico de la izquierda canaria, que se inició en las luchas de los años 70 y que se cierra ahora, con más pena que gloria en estos últimos años,en mi opinión, aunque, evidentemente, caben tantas evaluaciones como personas.

Ver a Carmelo Ramírez y a Román Rodríguez queriendo recoger del suelo la antorcha "progresista" (atención a las comillas) a estas alturas, y con tonos insulareños, no sé si mueve a pena o risa. Se las han metido bien doblada. El show del fin de semana de Jose Carlos Mauricio rescatando las siglas de ICAN y su draguito anémico demuestra una vez más la capacidad de ese sujeto para pilotar conspiraciones exitosas (para él y su entorno) y catastróficas para la izquierda en términos históricos. Mauricio desentierra el zombi, para que haga un último trabajito, antes de volverlo a enterrar en las siglas de CC.

En mi opinión, las gentes que seguimos pensando en términos de progreso social (esto es: más democracia, más igualdad, más justicia redistributiva,más libertad personal, por utilizar unos conceptos muy básicos alrededor de los que converger) no podemos dedicar ni un minuto más a ninguno de los personajes de esta vieja y triste historia. Como dicen unos amigos míos, "la vida crece en los márgenes", y puede observarse ese bullir resistente a poco que miremos: las luchas contra el puerto de Granadilla, o contra la hiperconstrucción en Lanzarote, las nuevas dinámicas altermindistas que también tienen presencia en las islas, fenómenos como el copyleft (declarado por Bill Gates como "una nueva forma de comunismo"... reflejan que esa vida existe, y creo que a esas experiencias deberíamos dedicar nuestro esfuerzo, aunque no tengan en su programa la conquista del poder político, aunque no se presenten a las elecciones o sí se presenten a las elecciones...aunque las conquistas sean pequeñas, pero permitan la alegría y la fiesta... Todo está por re-construir, por re-pensar. Pues cada uno/una con su poquito y desde una mentalidad no sectaria podemos empezar a ponernos a ello. A animarse. Nos quedan más cosas que la palabra...

“LOS CHICOS DEL CORO”: INTERPRETADA POR JOAN-CARLES MÈLICH

(Por Perera)

Hace ya unas semanas que en nuestro cine Monopol se encuentra una película del francés Christophe Barratier, candidata por Francia a los Oscar: “Los chicos del coro”.

Ante una -a primera vista- inocencia de planteamiento, esta historia conlleva en sus imágenes y palabras una(s) vida(s) llena(s) de conmoción y, más que nada, de esperanza.

Se trata de la historia de un profesor de música, fracasado (Clement Mathieu), que llega a un internado de menores con la finalidad de trabajar allí. El rostro de este personaje (en apariencia torpón y sumiso) transmite desde un principio una bondad (revolucionaria) digna de ser machacada por el director del centro, Rachin, botón que ha puesto en marcha la línea pedagógica del mismo: el principio conductista “acción/ reacción” supone la máxima para dirigir a los chicos, abandonados por sus padres, por “el buen camino”.

Claro que Mathieu va a dar un giro radical a esta docencia. ¿Cómo? Nuestro profesor de música aplica el afecto necesario para con los chicos, generando en ellos (junto a la música y al canto del coro formado, incluso en la clandestinidad), paciente y firmemente, la vivencia de ser queridos, de ser amonestados pero también perdonados; tal es: de sentirse y vivir como personas.

Dos puntos de atención, en el coro de niños, son Pierre Morhange (retraído y arisco, con una voz celestial) y Pépinot, el inactivo y huérfano que sólo espera que vengan a buscarlo sus padres todos los sábados de su vida, engañadamente.

Ellos dos, ya mayores, son los que se encuentran (tras la muerte de la madre del primero) y dan pie, flashbackmente, a toda la historia. Es el testimonio que concretó por escrito el bueno y comprometido de Clément Mathieu (que llegó a adoptar a Pépinot), sobre esta experiencia decisiva.

Sucede en 1949. Posguerra europea en Francia. Centros de reinserción, al parecer llamados “correccionales”, una especie de laboratorios de experimentación psicológica con los niños. La sombra del nazismo, de Auschwitz. Me viene a la cabeza “Los niños del Brasil”, clonación de pequeños… y los atroces experimentos con personas durante este periodo infernal, sobre el que caminamos…

¿Qué tiene que mirar esta película con Joan-Carles Mèlich y “La lección de Auschwitz” (Herder, 2004)? La reflexión que, de lleno, implicita “Los chicos del coro”, se explicita paralelamente en la propuesta pedagógica de este libro.

Del catalán Mèlich sólo decir que es profesor titular de Filosofía de la Educación en la Universidad de Barcelona; y que es miembro del proyecto “La Filosofía después del Holocausto”, del Instituto de Filosofía del CSIC.

Auschwitz, para Mèlich, deber ser un símbolo (quizás sea esta la afirmación más controvertida del libro). Auschwitz, el mal y la muerte, no se pueden repetir. En ningún “campo”. En (la) vida, ni en (la) muerte. El totalitarismo nazi, en medio de la civilización occidental, es el claro ejemplo del fin de la defensa a ultranza de los valores de la Ilustración (europea), de la Modernidad. Se impone, por tanto, irremediablemente, en todo ámbito, pensar y actuar, ya, de una vez por todas, DE OTRA MANERA.

De la mano del llamado “Nuevo Pensamiento Judío”, y abrazado a la filosofía de Lévinas, Auschwitz nos ha puesto (dice Mèlich), y nos sigue poniendo, a todos encuestión.

Así, en la enseñanza. ¿Qué nos enseña Auschwitz? ¿Qué nos debe enseñar a enseñar? De otra forma (justa más).

“El evento de tropezarse con los ausentes es el relato de la ‘memoria” (p. 60). Uno de los aspectos insoslayables es la “narración”: la memoria, el pasado como enseñanza que siempre debe estar presente en los presentemente vivos. Y, sobre todo, abarca todo, la memoria de los injustamente muertos: dar testimonio de la experiencia vivida; morida para tantos. La necesidad de la narración, para las víctimas. Más que venganza. Porque una de las apreciadas armas de los totalitarismos (léase Rachin y el sistema educativo-vital que defiende: memoria de los poderosos) es borrar la singularidad de la memoria de las gentes; la singularidad de Auschwitz. Para poder repetir(lo). Sin opción al cambio-esperanza.

El deseo pedagógico, de Mathieu: que no se repita el mal; nunca más para esos chicos. Darles esperanza, (otras) opciones.

Los ausentes, en este sentido, son tan importantes como los presentes, a diferencia de la “ética dialógica” (tan dadora de juego, al parecer, en la pedagogía del estado español).

La relación entre maestro (mejor que “profesor”) y alumno es de apertura a la singularidad vital del otro: los chicos del coro. Se trata (casi) de una amistad, de padecerlos; más que de transmisión de conocimientos.

Una responsabilidad: “la ética es la posibilidad humana de otorgar al otro prioridad sobre uno mismo (…). Desde esta perspectiva, ‘la educación es ética’. No quiere decir que ‘ética’ y ‘educación’ sean exactamente lo mismo sino solamente que sin ética no puede darse ‘acción educativa’ en sentido estricto, sino sólo ‘adoctrinamiento o domesticación” (p. 77). O sea: totalitarismo, contra las víctimas y pariendo (más) víctimas.

Este es el giro radical del profesor de música en el negro escenario de aquella esquina de Francia: su apertura al sufrimiento y a la situación concreta y apaleada de los niños recluidos.

De nada sirve la formación (recordemos a los nazis “formados”, o al formado director del centro) si no se dirige por esta senda: otro humanismo, o humanismo de otra persona (nueva). Donde la educación no sea adoctrinar, sino (un) darse al otro, al diferente (a) yo. Donde nuestra expresión genere otras nuevas expresiones, que no repeticiones (así era sorprendido Mathieu cuando algún chico generaba novedad inesperada en el canto). Donde, más que se “haga”, se “padezca”: “(…) un viaje no planificado, que forma, transforma e, incluso, deforma” (p. 93).

No se puede educar en el olvido… lo decíamos. La historia ha dejado de ascender, de progresar. El concepto ilustrado de educación se ha ido a las chacaritas. Lo malo, desde la conciencia o no, es que muchos “por descontado ignoran el ‘anhelo’ de que Auschwitz no se repita” (p. 121).

El testimonio que Mathieu dejó es educativamente responsable. Pero no hay fórmulas. Sólo hay (si algo “hay”) una (dis)posición concreta en un momento concreto frente a una(s) persona(s) concreta(s). Sin tener que perder, por los chicos del coro.

Argumentos para el NO al Tratado Constitucional Europeo

(por José Rodríguez Pérez Segura)

1. Un tratado que la inmensa mayoría desconoce (448 artículos, 2 Anejos y 36 Protocolos anexos) y para lo que se nos pide un acto de fe (como antes para el Euro, que iba a ser una maravilla).

2. El tratado constitucional es inmodificable en la práctica. Frente al argumento de que es un primer paso y "ya se mejorará en el futuro", explicar que el artículo IV-443, relativo a su reforma, explicita que "las modificaciones entrarán en vigor después de haber sido ratificadas por todos los Estados miembros de conformidad con sus respectivas normas constitucionales". Es decir, se requiere la unanimidad de todos y cada uno de los 25 Estados miembros.

3. No se garantiza el futuro de Canarias. La referencia principal a Canarias se hace en el artículo III-424, junto a "Guadalupe, la Guayana Francesa, Martinica, la Reunión, las Azores, Madeira y las Islas Canarias". En dicho artículo lo que se dice es que "el Consejo adoptará, a propuesta de la Comisión, leyes, leyes marco, reglamentos y decisiones europeos orientados, en particular, a fijar las condiciones para la aplicación de la Constitución en dichas regiones, incluidas las políticas comunes", y "en particular, las políticas aduanera y comercial, la política fiscal, las zonas francas, las políticas agrícola y pesquera, las condiciones de abastecimiento de materias primas y bienes de consumo esenciales, las ayudas públicas y las condiciones de acceso a los fondos con finalidad estructural y a los programas horizontales de la Unión". Estableciendo la salvaguarda de que se hará "sin menoscabar la integridad y coherencia del ordenamiento jurídico de la Unión, incluidos el mercado interior y las políticas comunes" de la Unión Europea. Todo queda sujeto a las decisiones del Consejo de Ministros comunitario, que hará lo que estime conveniente y fijará las ayudas que crea oportunas. Es decir, es un tratado que deja el futuro de Canarias en manos de los lobbys de poder en la Comisión y de los intereses de los Estados en el Consejo, y que hace imposible a Canarias salirse de "las políticas comunes" (incluida la Política Agraria Común).
Es decir, Canarias queda supeditada a las decisiones externas, a seguir siendo una economía dependiente y a negociar ayudas cuyos criterios y cuantías no se regulan. Un gran negocio para intermediarios y "conseguidotes".
Para más INRI, no solo nos deja sin derecho a la AUTODETERMINACIÓN, sino que reserva a cada Estado las funciones "que tienen por objeto garantizar su integridad territorial".
En todo caso, hubiese sido más favorable que Canarias hubiese sido reconocida como territorio de ultramar (artículos 286 a 291), en vez de cómo Región Utraperiférica (RUP).
Ojo: En lo relativo a un posible Estatuto de Residencia, el tratado lo hace imposible. En cambio, el artículo IV-440 establece que este tratado no será de aplicación en las islas Feroe, y sólo parcialmente a las Islas del Canal, isla de Man y otros.

4. Es un tratado contra los trabajadores. El artículo II-75 establece que "toda persona tiene derecho a trabajar" y a "buscar un empleo". Lo que no dice es que se tenga derecho al trabajo. No es una sutileza. Derecho a trabajar significa que si usted consigue un puesto de trabajo, no le van a impedir que trabaje. En cambio, el derecho al trabajo supone que las instituciones públicas garanticen que usted pueda conseguir un empleo, dándole cobertura en caso de que no les sea posible. Como no nos garantizan el derecho al trabajo, tampoco se recoge el derecho a cobrar el paro. Por si quedaba alguna duda, en el artículo II-89 nos conceden graciosamente el derecho a acceder a un "servicio de colocación" aunque, eso sí, sin garantizar resultados.
Ojo: Podrán decirnos que el artículo II-94 establece que "la Unión reconoce y respeta el derecho de acceso a las prestaciones de seguridad social y a los servicios sociales que garantizan una protección en casos como la maternidad, la enfermedad, los accidentes laborales, la dependencia o la vejez, así como en caso de pérdida de empleo, según las modalidades establecidas por el Derecho de la Unión y las legislaciones y prácticas nacionales". Esto sólo quiere decir que no se prohíbe lo que ya hay a nivel de cada Estado. No habrá nunca seguridad social europea, ni salario mínimo europeo, ni cosa que se le parezca.
La cosa se complica cuando nos damos cuenta que en el artículo III-210, es el Consejo el que puede legislar sobre "las condiciones de trabajo", "la seguridad social y la protección social de los trabajadores" y otras, siempre y cuando sea por unanimidad. Es decir, que el Parlamento Europeo ni pincha ni corta, aunque los ciudadanos elijan una mayoría muy de izquierdas.
Además, se constitucionaliza la flexibilización del mercado laboral en el artículo III-203: "potenciar una mano de obra cualificada, formada y adaptable, así como unos mercados laborales capaces de reaccionar rápidamente a la evolución de la economía". Agárrense que vienen curvas.
Ojo otra vez: Se suele afirmar que como los sindicatos mayoritarios (CCOO, UGT y Confederación Europea de Sindicatos [CES]) piden el Sí, no debe ser tan malo. No entretenerse en este debate: sólo dejar caer que no es un asunto de convicciones, sino de subvenciones.

5. Es un tratado a favor de las grandes corporaciones capitalistas. Los artículos del Título III (130 a 285) prohíben taxativamente cualquier restricción a la importación, exportación o tránsito de trabajadores, mercancías, empresas y capitales (lo que sería decisivo para la economía canaria). No se puede limitar la entrada de cualquier empresa europea, por muy lesiva o contaminante que sea su implantación.
De hecho, estamos ante un tratado que se limita a introducir en bloque una gran parte del Tratado de Maastricht. Predominan las políticas monetaristas sobre cualquier otra intervención estatal. Una política encarnada en un antidemocrático Banco Central Europeo, que no se responsabiliza del desempleo. La entrada de diez nuevos miembros más pobres agrava aún más está situación. Y en este sentido las previsiones de la nueva norma empeoran la situación por cuanto:
a) plantean la reducción del peso del presupuesto comunitario del ridículo 1,27% del PIB al 1% (todo ya gastado en mantener funcionarios y políticas estructurales ya existentes), y
b) obligan a que sea un presupuesto sin déficit (lo que supone la imposibilidad de usar la política presupuestaria como un medio de lucha contra las crisis).
El tratado constitucional eleva a panacea la competencia, forzando nuevas privatizaciones. Una política que no toma en consideración ni el predominio de grandes estructuras oligopolistas, ni el insoportable poder social de los grandes grupos (para muestra Berlusconi), ni especialmente los efectos reales de los procesos de privatización sobre la competencia real, la calidad de los servicios, etc. Se trata además de una política que impide a regiones y estados el desarrollo de políticas industriales autónomas que impiden romper con algunas de las estructuras económicas actuales y que concede a la empresa privada una enorme primacía sobre la sociedad.
Esto último es vital para Canarias porque, en definitiva, se eleva al carácter de constitución un modelo económico neoliberal que de hecho centraliza aspectos claves de la política económica (y ata la actuación de los poderes estatales y regionales), al tiempo que les deja encargados de hacer frente a todos los problemas que este mismo problema crea (destrucción de empleo, pobreza, servicios sociales...).

6. Constitucionaliza la guerra preventiva. El artículo I-40 del tratado permite a la UE misiones fuera de su territorio que tengan por objetivo la "prevención" de conflictos. Es el Consejo quién deciden esas intervenciones militares en otros países. El decorativo parlamento Europeo asistirá como espectador. Eso sí "se le mantendrá informado" de los evolución de la política de defensa y se le consultará, periódicamente, de sus "aspectos principales".
El susodicho artículo añade que "Los Estados miembros se comprometen a mejorar progresivamente sus capacidades militares" y crea una Agencia Europea de Defensa para "aplicar cualquier medida oportuna para reforzar la base industrial y tecnológica del sector de la defensa". La jugada se completa estableciendo que la política de defensa de la Unión "respetará las obligaciones derivadas del Tratado del Atlántico Norte" y "será compatible con la política común de seguridad y defensa establecida en dicho marco".
Esto es: primero, se constitucionaliza la guerra preventiva: el Consejo de ministros comunitarios puede ordenar el ataque a cualquier país "por si acaso" pudiera o pudiese haber un "conflicto". O sea, todo el rechazo de los ciudadanos a la guerra preventiva, tipo Irak, se deshecha. Y, por supuesto, al Parlamento Europeo, único órgano elegido directamente por los ciudadanos, no se le deja ni pinchar ni cortar.
Segundo, se obliga a los estados de la Unión Europea a incrementar progresivamente sus gastos militares en beneficio de las empresas de armamento. A crear un complejo tecnológico militar por donde se desaguarán miles de millones de euros, en plan USA, que es el modelo.
Tercero, la defensa europea queda subordinada a los compromisos con la OTAN, no pudiendo establecer políticas de defensa que no sean "compatibles" con lo que diga la OTAN. Es decir, lo que diga Washington. ES, POR LO TANTO, UN TRATADO LESIVO PARA LOS INTERESES EUROPEOS. Y muy particularmente para Canarias, porque nuestros intereses de defensa (y de explotación de recursos naturales) van en sentido contrario al eje EE.UU.-Marruecos.

ELLOS HAN GANADO. A NOSOTROS NOS QUEDA LA PALABRA

(Por Agustín Bethencourt)

Lo sabían. Jugaban con el tiempo a su favor. Un poco de folclorismo por aquí, un fantasma de secesión por allá, una época de grandes inversiones apoyada por los monstruos de la Unión y un pueblo poco respondón eran la perfecta receta para instalarse en el poder. Y lo han conseguido. Primero disfrazados de patriotas, ahora descaradamente insulinitas, lo importante eran las apariencias. Nada original, por cierto.

Se seca uno por dentro cuando sabe que los de allí arriba, esos que nunca responden cuando suena el teléfono, no creen en el futuro de la tierra que pisan. Bueno, en realidad esto no es así. Sí creen en su particular visión del futuro: una com-unidad que ya no lo es a fuerza de dividirla, una in(ter)-dependencia de circo de la que resta lo que sigue al guión, una vida convertida en copia grotesca de lo foráneo sin interrogantes, una insolente ausencia de respeto hacia su pasado y hacia las potencialidades de las generaciones que algo quieren decir.

En otras palabras, sólo nos queda la palabra. Los que se han establecido en el ático del poder no sólo no piensan dejar pasar, sino que han pisoteado el concepto de lo político hasta convertirlo en puro abono para arribistas sin escrúpulos. Y nada más. Islotes de otredad los hay, pero no se hacen sentir. O poco.

Entre la gente decente, los hay que se desmoralizan. Otros ponen kilómetros de por medio. Los últimos (los más valientes, los más consecuentes) aguantan la lucha desde dentro sin venderse por un plato de picón. Todos tienen algo en común. Están hartos del mal olor de la política local. De las promesas incumplidas. De las medias verdades. Y de las dobles verdades tan mentirosas. Y sólo les queda la palabra. Y algún alcalde independiente.

Constitución europea: opiniones y comentarios

En el margen derecho de Trapera se encuentra, hasta el día 18 de febrero, una encuesta relativa al referéndum sobre la Constitución europea que se celebrará el 20 de febrero. Al margen de votar o no en la encuesta y como complemento de la misma, Trapera ofrece este espacio para que expreses tu opinión y punto de vista sobre este referéndum y sobre la propia Constitución europea.

CLANDESTINA

(por Fernando Yupanqui)

El haberme obligado hace días a escribir una breve noticia desde el otro mundo, desde Latinoamérica, desde Argentina más concretamente, desde la Argentina atlántica más demencial y europeizante -salvada quizá por tanguera- para ser exacto, se ha intensificado al escuchar las palabras de Philippe Tacoronte escritas desde el corazón de Europa, desde el corazón franco-alemán. Sobre todo, porque resulta determinante interconectar, Canarias mediante, ambas realidades.
Conocemos ya la opinión que toda persona más o menos sana en su sentido común tendrá de Europa, al menos, de la Europa de los vencedores. De la Europa enriquecida y hegemónica no por designios míticos ni por determinismos históricos, que dirían cierto marxismo o cierta izquierda nefastos, sino por la esclavitud y la explotación masiva, durante aproximadamente más de tres siglos, de un continente, Amerindia (al que se llegó por un "error" de cálculo, no por necesidad), y de decenas de millones de esclavos indios y africanos.
Tomado el relevo mundial por el imperialismo de los EE.UU., el capital arrancado a la América pre-hispánica volvería a Europa, después de la Segunda Guerra Mundial, con el conocido Plan Marshall. Quizá habría que empezar a pensar que esta Europa, la dicha Europa de los pueblos, es una idea yanqui.
Pero este texto no tenía la intención de defenestrar a Europa, sino de pensar, desde Latinoamérica, cuál es la Europa posible, la Europa no-europea, la Europa escondida en pasadizos y catacumbas que una vez el que escribe viera en Roma. Sin duda, se trataría de una Europa intransigente ante el unilateralismo yanqui, una Europa dispuesta a la pobreza y expuesta a ser violentada. Uno se preguntará entonces: ¿alguien en Europa está dispuesto a aceptar el sentido de la pobreza, de la civilización de la pobreza y de la responsabilidad que dijera un cristiano seguramente vivo, hoy, en aquellas antiquísimas catacumbas romanas? Y aún más allá: ¿algún europeo estará dispuesto a dejar de vivir en la fiesta perenne de la identidad, a empezar, al menos, dadas las dificultades presentes, a salir del Mundo, a entregarse a la gracia de una interioridad radicalmente escrupulosa?.
Sin duda, la superioridad técnica y la sofisticación cultural de la que hace gala el europeo, dicho esto como intersticio, con respecto a las demás civilizaciones o culturas no tienen ningún fundamento. Nos preguntamos entonces qué es la técnica sino un espectáculo, un "ídolo" mundano que, en verdad, en sí mismo, si no es desde y hacia la vida, poco o nada tiene que ver con la realidad última y objetiva de ésta, con la infinita autoafección de lo invisible que constituye el hecho de que estemos encarnados en lo absolutamente "inapropiable".

Ahora bien, el problema vital es sumamente grave: pues las necesidades de una cultura, en este caso la europea, pueden ser tautologías, es decir, creaciones que pierden el "afuera" pretérito que las creó, esto es, que pasarán a ser consideradas como "naturales", fatales, autogeneradas.
Por ello, la necesidad que Europa tenga de ser "Europa", de constituirse como una imagen identificada con lo que cree que es y pretende ser, será determinante para el "futuro" de su pueblo.
De momento, el europeo necesita serlo porque, más allá de esa identificación política e histórica que ha devenido cuestión casi racial, ficticia en suma, el europeo no es nada, o al menos pareciera no querer serlo, no querer recuperar ideales como el Espíritu que impulsó desde un incierto deseo de justicia la Reforma, la Revolución Francesa, la Comuna de París... Importante es decir que la europeizada Grecia del siglo XIX era más oriente que occidente, igualmente los cristianos, pues Europa en esos tiempos era tierra, dicho por los propios griegos, de bárbaros.
Así, el europeo moderno necesita ser europeo, español, francés, o alemán, porque es, salvo claras excepciones, un ser sumamente acomplejado, un ser castrado por su propia civilización (que lo ha hecho un esclavo) y atado a una identidad hoy postmoderna pero igualmente retrógrada; un ser incapaz de ser una persona infinitamente mortal más allá de identificaciones nacionales o culturales que, no lo olvidemos, originaron el fascismo y el nazismo. ¿No está pasando lo mismo que en el pasado, hoy, con los inmigrantes sin papeles, sans papiers, de los que se dice que "no existen" porque no tienen su documentación en regla?
En fin, creemos, como sostienen el cubano hijo de canarios Fornet- Betancourt o el argentino expatriado Dussel, que la vida de un latino-indio-afro-americano no ha de ser nacionalizada, lo cual por algún lado de la política empieza a pensarse con determinación. Pero también pienso desde Canarias, en lo que me queda de persona. Desde la agraciadamente endeble e insegura Canarias como posible para situarse afuera de Europa. Desde "ser" canario como no-nacionalidad, como postura ética y política (por no decir hija del Éxodo) sin duda situada mucho más allá de la identidad autónoma del sujeto, es decir, del correlato ideal que une sujeto egológico y nación uniforme y cohesionada.
Habremos de empezar a pensar, entonces, en categorías a las que todavía no hemos llegado, nunca. Tendremos, asimismo, que preguntarnos si las cuestiones aquí planteadas pueden llevarse, a la práctica, más allá de una subjetividad clandestina y amorosa.

Entre Alsacia y Alemania, pienso en Canarias

(por Philippe Tacoronte)

Ando por las fronteras franco-alemanas, cerca pero distante del parlamento europeo. Recorrido nostálgico, hacia el pasado y hacia el futuro. Por qué el pasado? En Tübingen buscamos la torre donde el poeta Hölderlin pasó casi cuatro décadas, junto al río Necker, un lugar inolvidable. A dos pasos quise salir como intruso en una foto frente al "Stift" donde estudiaron Hegel, Schelling y el propio Hölderlin. La cuesta empedrada que baja hacia el Necker, la habrán recorrido muchas veces. Y junto a ello la teologia. Tübingen como capital mundial de la teología, las librerías con todo lo deseable en filosofía y teología.

A dos horas en tren de Stuttgart, Estrasburgo, la ciudad refugio de escritores exiliados, de Blanchot, Levinas, y ahora de Nancy, Lacoue-Labarthe y el adoptado Derrida, libros llamados "pensar en Estrasburgo", una ciudad que habla por los escritores que allí piensan... La mezcla asombrosa en la calle, en los nombres de cualquier calle, de lo alemán y lo francés, y de lo alsaciano, que no es exactamente ni lo uno ni lo otro.

Ahora, por qué la nostalgia del futuro. El recuerdo constante de Canarias durante el paseo por esas ciudades, por sus librerías y en el eco de la "gran cultura europea" en cada recodo. Por ejemplo, la estatua de Gutemberg, en verdad algo siniestra. Representados a sus pies los grandes filósofos y los libertadores de América, entre ellos, apiadado de los indígenas americanos, Bolívar. Era eso Europa? Descartes en el centro de la reunión, velando sin saberlo por la colonización de América... O era Europa la posibilidad de desmontar a Descartes y cualquier forma de violencia? La huella del cristianismo que dice, que deja la catedral de Estrasburgo, qué hará Europa con la palabra de esas catedrales?

Pero dije Canarias. Toda aquella acumulación de posibilidades, de libros y tradiciones con las que no contamos, de la que nos sentimos herederos, pero sobre la que nadie piensa tengamos algo que decir, ni siquiera muchos canarios. La amplitud de mirada, de intruso frente a la estatua de Gutemberg y la confianza sin expectativa de volver a intentarlo una vez más allá en las Islas desencadena nuevas fuerzas para seguir trabajando. Esa nostalgia del futuro sólo expresa la visión "clara y distinta" de las posibilidades que gravitan sobre Canarias, continuamente, ahora quizá de modo absolutamente nuevo.

Feliz Año Nuevo

Quiero desear a todos los miembros de la comunidad de Trapera y a todos nuestros amigos y lectores un muy feliz año nuevo. Que el 2005 sea aún más fructífero que este año y que nosotros -desde Trapera- lo veamos.

Un fuerte abrazo para todos.

Agustín Bethencourt.

CONTRA EL ARTE: NOTAS URGENTES EN UNA REFLEXIÓN URGENTE: A propósito de “La muerte del arte”, de F. Yupanqui.

(Por Perera)

. Tengo la impresión, últimamente, hace tiempo, de que la realidad (las personas) nos pide, siempre URGENTEMENTE, una respuesta. Mejor: una mano, una co-laboración.

. También tengo la sensación de que hay una estrecha relación entre “lo bello” y lo (in)humano: algo así como el olvido de los que URGENTEMENTE sufren. Y el gran ejemplo es la música.

. Igualmente: que “el artista” (digamos, por ejemplo, el que escribe) obra a larga distancia y, en ocasiones, preparándose una tumba preciosa, allí (im)puesta en sus publicaciones. Mientras otros, al lado o no, lloran.

. Y que la relación entre el “genio” y (algo así como) la “locura” podrá ser cierta, pero forma parte de aquella (in)humanidad que deriva, en la realidad, inhumanidad: la potencia o el acto de una muerte injusta. Que no creo que “valga” eso que llaman “arte” a costa de lo que sea.

. El arte, la literatura… (esos nombres que son actos hechos por los humanos), en este sentido, no me interesa.

. Escribo porque quiero alcanzar mi mano, en la medida de mis (im)posibilidades; intentando no perder el norte de lo (que creo) justo; sin que ese “juego” pueda llegar a aislarme de los que URGENTEMENTE puedan necesitar de mí (poder co-laborar en lo que pueda, y más). O a los que, aunque mínimamente, pueda darles un poquito de agua.

. Es una drama escribir “a larga distancia” (que es hacer arte: tal como se suele enfocar) cuando al lado lloran, mueren o se mata (injustamente).

. Se escribe, y punto. Como se besa. Como se habla. Como nos reímos.

. La escritura tiene la marca diferencial de la paciencia (aunque se vaya a publicar mañana). Pero hay quien, impacientemente, nos reclama.

. Escribir y leer: para pensar en cómo actuar y he actuado; actuaré. Como llamada (a no yo). Como grito (a no yo). Para hacer pensarnos (para actuar). ¿Pero a esto hay que llamar arte? ¿Qué se me da que sea bello o no?

. Y sé que estos pronunciamientos necesitan de una paciente reflexión. Pero… Veo justa la paciencia, y la larga distancia. Pero…

. Voy detestando, hace un tiempo, la palabra “arte”, lo que se señala por “literatura”…

. Hay más complejismo de lo que lanzo. Pero también (creo) hay aspectos que no se pueden dejar de lado. Creo. CREO.

Un balcón con mucho arte

Un balcón con mucho arte

Al correo de Trapera nos ha llegado la nueva decoración de este peculiar balcón, con el que sus autores quieren felicitar la Navidad, iniciativa a la que nos sumamos y que encantados reproducimos con el siguiente texto que acompaña a la foto: "Les enviamos el Balcón que hemos realizado para felicitar en estas Navidades. Está situado en el barrio de Las Torres, en la calle Camelia, de Las Palmas de Gran Canaria. Felices fiestas en paz y armonía." [Pulsa aquí para ampliar la imagen] [Pulsa aquí para ver la decoración del balcón este verano]

NAVIDAD

(por P. Tacoronte)

Por sugerencia y entusiasmo lector del amigo Carlos Cabrera, teólogo y filósofo, hemos indagado algo en los trabajos de J. Crossan sobre los orígenes del cristianismo, en especial su libro "Jesús desenterrado", publicado por Crítica. La gran novedad es la conjunción de la arqueología, todas las ciencias sociales y la hermenéutica bíblica en la labor de reconstrucción del mundo de Jesús y del sentido del cristianismo primero. Crossan incardina netamente a Jesús en el judaísmo y lo hace promotor de un movimiento de resistencia que anuncia y demanda una justicia distributiva más allá de la violencia. La concreción material, corporal del banquete cristiano como fiesta enlaza el acto concreto de dar de comer al otro desvalido y la esencia de la espitirualidad. Como repite el amigo Cabrera parafraseando a Crossan, Jesús defiende un banquete universal del que nadie queda excluido.

Voy a pasear ahora en Navidad por cualquier calle de Triana o de Mesa y López en Las Palmas y preguntarme qué relación hay entre la Razón del Mercado Total y el Jesús desenterrado del que habla Crossan.

Derrida, fuera de campo

(por Philippe Tacoronte)

Arena Libros (2004) nos ofrece un compendio de textos inclasificables en torno a los problemas y debates que el filósofo Jacques Derrida planteó a la directora de otra de las películas dedicadas a su personaje de “padre de la deconstrucción”. “Por otra parte, Derrida” (1999) muestra al filósofo sefardita-argelino-francés caminando por Toledo, Almería, California, Argel, en sus seminarios sobre el perdón o en las palabras de su amigo Jean-Luc Nancy.

El libro, titulado “Rodar las palabras”, es el diario de abordo de una película que se sostuvo como batalla irreconciliable entre la imagen y la palabra. Los testimonios y apuntes de la directora, la egipcia Safaa Fathy, son el relato tortuoso de una serie de viajes con un actor que, incombustible en la discusión y la complicación interrogativa, se opone a que le secuestren la imagen, a quedar convertido en un mero personaje y excusa estética, y que al mismo tiempo mantiene el compromiso, no ajeno al narcisismo ya por él tematizado, de ser filmado con la esperanza de que su imagen le envíe hacia otro que no sea él. Ser una vez más sorprendido por la “diferencia”, de sí fuera de sí.

Safaa Fathy se pregunta angustiada en un momento del trabajo, tras enterarse de que Derrida no quiere sentirse obligado a hablar y que por eso no dirá nada en el documental-película: ¿qué clase de locura supone rodar a un hombre de palabra, un filósofo, que decide aparecer en silencio ante la cámara?. Pero la lógica de lo imprevisto logra que Derrida por fin se suelte y vuelva a hablar sobre su preocupaciones: el perdón, lo intraducible, la diferencia sexual, la hospitalidad, la escritura e incluso la pervivencia y el sentido de la diferencia de idiomas en la televisión del futuro.

La deconstrucción siempre quiso estar dentro y fuera a la vez, desmontando el legado metafísico de occidente y a la vez cuidando fielmente de la letra de sus textos, un pensamiento más allá de la contradicción dialéctica, donde el perdón no significa olvido, sino don. Así también, la entrega de las imagenes en las que Derrida dice no reconocerse, dentro de la película, pero obrando en ella como un virus que señala todo lo que queda fuera de campo, fuera de la cámara, en el espacio del secreto; como sucedía a los marranos del XVI que tuvieron que esconder su judaísmo en clandestinidad, y de los que Derrida se siente familiarmente próximo.

HENRY: UN PÁRRAFO VALE UNA VIDA

(Por Fernand Yupanqui)

Más allá de la página 300 del libro "Encarnación. Una filosofía de la carne", el archi-desconocido Michel Henry, fenomenólogo cristiano y uno de los pensadores más fascinantes y complejos de nuestro tiempo, escribe quizá uno de los párrafos más sublimes de toda su obra:

"Sólo aquel que escucha en él el ruido de su nacimiento -que se experimenta como dado a sí en la auto-generación de la vida absoluta en su Verbo-, aquel que, dado a sí en esta autodonación del comienzo, no se experimenta más, en rigor, él mismo, sino que experimenta en sí sólo el Sí que lo dona a sí, sólo aquel puede decir a este Sí del Verbo: Tengo certeza de la verdad que hay en Ti".

El Sí que lo dona a sí, en Henry, es la Vida. La Vida, el Sí, es más que el viviente, el sí. En el Cristianismo de Henry, el Padre (Sí) y el Hijo (sí). El Padre es lo que está fuera de las posibilidades del Hijo. El Hijo no puede dar Vida, pues en realidad nadie nace a una nueva Vida, sino que es dado a la Vida por quienes ya estaban dentro de la Vida. De este modo, Henry habla de Cristo como la manifestación del Primer Viviente, "el que escucha en él el ruido de su nacimiento".

Michel Henry, en el pasaje citado, habla del despertar, quizá Místico, dice Miguel García-Baró, a la Vida fenomenológica absoluta; del despertar al don de la Vida, a la total desposesión de sí. Ahora bien, no se trata de una huida a la irresponsable nada budista o a la nada del fundamento de Heidegger: se trata de la entrega a la Archi-inteligibilidad de la Vida que Henry descubre en el Prólogo del Evangelio de Juan. Sin lugar a dudas, el lugar de la Vida Absoluta es la Gracia, la Vida-praxis hecha persona en Cristo, la experiencia viva de la Revelación, que, según Franz Rosenzweig, "actúa como una cuña en el mundo", es decir, rompe con toda identidad egológica convirtiendo su origen en un deber ético infinito.

Henry nos dice que la Vida es más que el hombre, pero que sólo el hombre puede vivirla y, así, entregarse a ella, al escándalo de la desposesión de lo que a nadie pertenece. Así, cuando Cristo dice que "Padre hay sólo uno" de lo que está hablando, contra los griegos, es de que la Vida no es un tema, sino que es invisible.

Fanal, una opción de regalo para estas Navidades

Fanal, una opción de regalo para estas Navidades

(por magacín66)

Hace unos días he recibido en casa un regalo muy especial. Es un objeto llamado fanal y podría decirse que es una especie de portavelas, hecho con la misma cera de las velas.

Como se puede ver en la imagen, se trata de una pieza cuadricular, que al introducirse una o varias velas en su interior, queda iluminado, ofreciendo un ambiente bastante especial y encantador. Se pueden introducir velas normales o también las elaboradas y diseñadas con los mismos materiales que los fanales, las cuales pueden ser usadas también de forma independiente al fanal.

Su elaboración es totalmente artesanal y existe una gran variedad de tamaños, formatos, colores y aromas. Combinando estos cuatro elementos, podemos encontrar una gran variedad de fanales y velas.

En cuanto a los aromas, podemos encontrar de frutas, como naranja, manzana y melón; o de flores, como rosas, jazmines y lilas.

La gran variedad y distinción la da su contenido, que puede ser, por ejemplo, de frutas como manzanas o naranjas y otros tantos objetos como canela, café, millo seco, flores, hojas, alubias y todo tipo de granos. En el caso del mío, está relleno con cañas de bambú y con hortensias secas y teñidas en color marrón y ocre.

El objetivo de este artículo es, por un lado, el de darles a conocer este peculiar y singular producto de decoración y, por otro lado, creía interesante lanzar esta propuesta alternativa de regalo para estas fechas navideñas que ya tenemos encima.

¿Dónde encontrarlos? A continuación añado algunas de las tiendas:

  • “Tosca”: C/ Luis Antúnez, 57 - Las Palmas de G.C.
  • “Corner”: C/ Cano, 32 – Zona Triana
  • “Luna”: C/ Travieso, 37 – Zona Triana
  • “Natural Planet”: C/ Barcelona, 49 - Las Palmas de G.C.
  • “M.T. Interiorismo”: C/ Nicolás Estévanez, 51 - Las Palmas de G.C.
  • “Victoria’s”: Av. Pintor Felo Monzón, Edif. 28, nº 32 - Siete Palmas
  • “La Trastienda de Sarriá”: C/ Tomás Morales, 72 – Las Palmas de G.C.
  • “B.A Interiorismo”: Av. Pintor Felo Monzón, Edif. 26 - Siete Palmas
  • “Dúo Regalos”: C/ San Diego, 9 - Telde
  • “Decormanía”: Av. El Mirón, 43 - Arucas


Y como, según dicen, una imagen vale más que mil palabras, aquí les ofrezco más de seis mil (palabras, claro):

¿Renovación de la historiografía?

(por Philippe Tacoronte)

Comparto con algunos amigos, sobre todo con mi querido Hideyoshi, cierta admiración por los trabajos del historiador Eric Hobswan. Por eso traté de leer con atención un trabajo suyo publicado en el último número de “Le Monde diplomático”, su “Manifiesto por la renovación de la historia”. Y me encuentro con que los prejuicios positivos han sido desarmados en mi lectura. No puedo estar de acuerdo con esa renovación de la historia en sus afirmaciones centrales.

Primero, porque Hobsbawn descalifica la proliferación de micro-relatos de corte postmoderno y relativista que se empeñarían en escribir la historia desde puntos de vista marginales: el feminismo, la deconstrucción, los grupos culturales subalternos, etc, puesto que esto nos conduce a las pequeñeces absurdas de los nuevos nacionalismos localistas. Esas corrientes han ayudado mucho a desmantelar estrategias discursivas de colonización cultural.

Frente al relativismo postmoderno, para el que todo es interpretación y la historia una construcción meramente ideológica, se impone restablecer la razón científica de la historia, su objetividad fuerte. Ahora bien, ¿cómo se obtiene la noción de objetividad? ¿Dónde reside la noción de objeto? Ni un físico ni un historiador pueden decirlo. Esa razón objetiva resulta ser única, tiene una voz unívoca y no está al servicio de los pequeños grupos marginales.

El persepctivismo propio incluso de cada una de nuestras pequeñas percepciones no parece importarle a Hobsbawn, la hermeneútica filosófica, es decir, la tesis de que nuestra mirada al pasado tiene que rendir cuenta al menos de las preocupaciones actuales por las que nos interesa precisamente mirar al pasado.

Creo que sí se puede trabajar para dar una respuesta a la pregunta de qué entendemos por “razón” y conocimiento, en qué consiste, ahí está la obra de Husserl para mostrarlo. Y también creo que de muy poco sirven los miles de estudios puntuales sobre temas intrascedentes en la investigación histórica; la historia sólo tiene sentido como intento de interpretación general de nuestro pasado y nuestra realidad (pocos se han atrevido a hacerlo en Canarias después de Viera, si acaso Manuel Alemán). El interés emancipador de la ciencia social puede sustituir la presunta objetividad científica en la escala de sus motivaciones.

Pero sucede que la razón objetiva que defiende el marxista Hobsbawn recuerda mucho a las debilidades teóricas del cientifismo marxista del XIX y XX: el criterio darwinista de la optimización de beneficios, la supervivencia, es decir, el esquema de las ciencias naturales. Por eso se apoya en los avances de la ciencia, el descubrimiento del ADN, etc., para justificar la nueva objetividad de la historia.

¿Aplicar, como la psicología, las medidas de espacio a lo esencialmente temporal del hombre? En ese sentido, debemos volver a leer “La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental” de Husserl o cualquier libro de Bergson.

La explicación del tipo: “esto que parece complejo no es más que X, muy simple, sea el deseo freudiano o la economía” acumula un gran dogmatismo teórico. Desde luego, pensar no es explicar reductivamente.

Así, el punto de vista del proletariado en la historiografía marxista se nos presenta no como decisión ética, sino como exigencia científica: cada cual actúa según el estrato social al que pertenece. Otra vez, la izquierda sigue conservando los trasfondos teóricos absolutamente desmontados por la mejor filosofía del XX, desde Nietzsche hasta Derrida. Su naturalismo fisicalista, ¿no lo comparte al final con la visión que tiene el neoliberalismo del sujeto? El último libro de Vattimo sobre política y derecho expone muy bien esas aporías teóricas de la izquierda. Y en lo que respecta a la filosofía de la historia, Paul Ricoeur está a años luz de todo objetividad cientifista en su “Tiempo y narración”.

LA MUERTE DEL ARTE

(por Fernand Yupanqui)

Cierto día, el hermano Tacoronte y quien esto escribe conversaban, cerca de la biblioteca pública de Las Palmas, sobre el diagnóstico del filósofo Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) acerca de la muerte del arte. Lo que se concluía era lo siguiente: se puede decir, traduciendo a Hegel a nuestro tiempo, que el arte occidental estará muerto desde el momento en que no pase por el filtro crítico de la Ilustración, por el cuestionamiento de la idolatría, por la deconstrucción propia del marxismo. También se concluía: cuán estéril resulta a esta altura de la historia la postura del artista despreocupado por la teoría, el que ignora voluntariamente toda reflexión sobre su trabajo.
Pero al artista de hoy el esfuerzo reflexivo le queda lejos, el cuestionarse le queda lejos. Postura diametralmente opuesta a la total anti-autosuficiencia de Sócrates, que, al saber que uno no sabe nada, se rompía el marote con la pregunta radical.
Pero así es la cosa; la institución de "lo bello" no ha superado aún el estatuto teórico clásico de la belleza, es decir, no ha dejado atrás el peor y más ingenuo e infantil idealismo estético.
Pero volvamos a Hegel. Con la expresión "el fin o la muerte del arte", Hegel se remite a la convicción de que, en su tiempo (y aún en el nuestro), el arte ya no era (ni es) capaz, como en épocas anteriores, de configurar un orden de conocimiento de la experiencia humana que pudiera equipararse al proporcionado por la religión o la filosofía. Hegel afirmaba así el carácter "inesencial" e "intrascendente" del arte, y de ahí su muerte. Sobre todo, porque la conciencia estética (como dirían los neokantianos) no "reflexiona", sino que "juega". De este modo, la viva urgencia que pide la realidad resulta inviable para quien, como el artista, media su relación con el mundo a través del juego, es decir, mediante una actividad lúdica que de ninguna manera es capaz, por la misma esencia de su estructura, de incrustarse activamente en el seno de la historia, ámbito fundamental del desenvolvimiento de la vida. Ahora bien, el arte no podrá ser una herramienta conceptual, pero confiemos en que pueda, al menos, aferrarse a la historia y denunciar con belleza y Verdad (Vallejo, Cardenal, Juan Jiménez en Canarias...); confiemos también en la acción artística que, con su belleza extraviada, o con su inspiración popular o religiosa, actua como denuncia (Pizarnik, el Goya de las pinturas negras, El Greco).
La muerte del arte es también la muerte del artista; del artista "autónomo" que cree no tener nada que ver con aspectos decisivos de la vida como la moral o la política. Ya tanto es así que la esfera que cubre al artista, centrada en lo bello o lo no-bello, en lo fruitivo o lo no-fruitivo, supone nada más que una proyección de sí-mismo, un mito, una egología que oculta con su "falacia de lo bello" (o falacia naturalista)toda experiencia donde en verdad se juega la manifestación y la esencia radical de la Vida: el mal, el dolor, la injusticia.
Todo empezaba con la Modernidad, con el solipsismo cartesiano, filosofía destinada a justificar la violencia como "natural", e incluso, si hablamos del orden del arte, como "bella". Ahí tuvimos, en el siglo XX, junto a Hitler, a la "imparcial" Leni Riefenstahl. Y todo desembocaba, más adelante, en el Romanticismo, cuando el artista romántico se convierte en un ser abandonado a sí mismo, que debe buscar únicamente en sí mismo, en su ego trascendental, las fuentes y las reglas del arte. Así, el artista perdía, convertido en un ser cartesianamente impasible, todo vínculo con la sociedad en el tiempo.
Es preciso decir hasta la saciedad que la pérdida de este vínculo político y social del arte responde única y exclusivamente a la ideología: sobre todo, porque la manifestación estética ordinaria, occidental, oculta simbólicamente que su origen y su nacimiento sólo pueden fundarse sobre la base de la conciencia y el conocimiento, es decir, sobre la base de una conciencia sólo posible como relación intersubjetiva que nada tiene que ver con el ego o la autonomía totalitaria del artista. El arte nunca es "puro", como quería Paul Valéry; el arte siempre viene después de la vida, dependiendo totalmente de su desenvolvimiento histórico e interpersonal. El arte sólo puede darse en el tiempo. Y, como dijera Lévinas, el tiempo es el Otro. De ahí la indeclinable responsabilidad ética del artista.
A partir de lo dicho nos preguntamos: ¿cómo podrá salir el arte de la encrucijada ideológica que se esconde tras su falaz e incólumne pretensión de autonomía? La respuesta es política.

El primer libro de Emmanuel Levinas

(por P. Tacoronte)

En 1930, apenas comenzada la veintena, el judeo-lituano de escritura francesa Emmanuel Levinas publicaba un trabajo sobre el padre de la fenomenología, E. Husserl: "Teoría fenomenológica de la intuición" (ahora en Sígueme, 2004). Este trabajo representa la primera introducción sistemática del pensamiento de Husserl en Francia, y de él aprendieron gente como Sartre, Ricoeur o Merleau-Ponty. Hoy pocos dudan que la corriente de la fenomenología ha intervenido radicalmente en la historia del siglo XX. Y sigue en parte de lo mejor (Marion y Henry, por ejemplo).

Tres décadas más tarde, con la publicación de su "Totalidad e infinito", Levinas presentó una radical sacudida de la filosofía occidental al atender al primado radical de la relación intersubjetiva con el otro más otro, el próximo más distinto. Un nuevo pensamiento de la responsabilidad y de la ética se dio a conocer y desencadenó verdaderos "golpes de exterior" en la luz de herencia griega.

Y, sin embargo, Levinas siempre se dijo fiel al método luminoso de Husserl, al lema de recuperar para el pensamiento la experiencia vivida y viviente, anterior a las construcciones teóricas de las ciencias naturales. En efecto, preguntar radicalmente al fenómeno tal como aparece ante mi conciencia, sin recurso a saberes previos o autoridades teóricas, significó una renovación de las posibilidades de la vida cultural. Era recuperar la vida. También ya en Husserl, el sentido de la relación intersubjetiva como constituyente de todo sentido.

En este primer libro Levinas consigue una brillante introducción a Husserl, a las categorías novedosas de "intencionalidd", "intuición", "reducción eidética" etc. Sorprendentemente ya apunta las primeras críticas a las posibles derivas intelectualistas de Husserl frente a las dignidades de la experiencia sensible y emotiva en todo su sentido intencional.

El pensamiento de Levinas no se deja asimilar por un discurso fácil de buenas intenciones a pesar de ser el gran pensador de la ética como responsabilidad por el otro hombre; no, como dice Peñalver, su lectura no está "al alcance de los niños" y plantea una paciencia del concepto difícil y trabajosa, ajena a toda ingenuidad. "Ni un versículo sin experiencia fenomenológica", llegará a decir el lituano.

Quien quiera seguir ese camino de "vuelta a la fenomenología" quizá tenga un buen apoyo inicial en el libro de B. Waldenfels "De Husserl a Derrida" (Paidós, 1990).

PASEO CONVERSACIONAL POR TENERIFE

(Por Perera)

Estuve este último fin de semana en Tenerife, la Nivaria. Y, como siempre que voy, llego potencialmente cargado de palabras que (me) llaman mi atención.

Fui a la celebración de un cumpleaños, al que asisto por segunda vez. Una de las primeras cosas que me llama la atención: hay una colonia de gente de Agaete en Tenerife. La celebrada es de nuestro pueblo culeto, y allí se encuentra un grupo numeroso de gente originaria, y particular, de dicho pueblo: residentes aquí o allí. Cosa que no me sorprende en absoluto: el arraigo al espacio y a las gentes del lugar que dio nacimiento a nuestro Manuel Alemán Álamo forma parte de la inmensa mayoría que lo habita, o lo ha habitado parte de su vida.

Apenas tuve tiempo de pasear (por) La Laguna o Santa Cruz (sitios por los que, pocamente, me moví). Pero en el asadero de celebración tuve, dentre muchas cosas, una conversación de la que (creo) pueden entresacarse puntos llamativos que den pie a la reflexión (por lo menos a mí) o a la discusión.

La mañana del sábado fue la manifestación contra el innecesario puerto de Granadilla (a la que no pude asistir). Las cifras que maneja la organización rondan las cien mil personas: ¡asombroso! Las cifras de algunos: alrededor de cincuenta mil: ¡asombroso! Y después (hablo desde la conversación que nombré y desde lo que he estado leyendo) de haberse ejercido una campaña brutal en contra de dicho acto manifestante; sobre todo, por nuestro querido periódico “El Día”. Y, por supuesto, otros.

Ni “La Opinión de Tenerife” (de Editorial Prensa Ibérica), que me sorprendía el sábado por la mañana con un editorial odioso a favor de dicho puerto: “La Opinión de Tenerife considera que el puerto de Granadilla es una infraestructura básica, de relevancia estratégica, imprescindible para fortalecer las futuras opciones de desarrollo económico y social de la isla. El puerto de Granadilla es necesario para situar a Tenerife como plataforma logística en el creciente tráfico de mercancías en el Atlántico (…). Es un instrumento para diversificar nuestro desarrollo, para consolidar una nueva relación de Tenerife con esa economía globalizada cada día más dinámica y ferozmente competitiva que caracteriza al mundo actual. Es una instalación idónea para ampliar nuestra capacidad comercial y tecnológica”. El lenguaje utilizado es el lenguaje del capital y de la bola sin fin del negocio (injusto) mundial en el que estamos metidos. Una cuestión positivamente social, nos dicen: ¡toma ya! Cuando precisamente la chica con la que conversaba me decía que trabajaba en una ONG que estaba contratada por el Gobierno de Canarias para, precisamente, quitarse responsabilidades que los trabajadores del gobierno tenían que asumir y no lo hacían: aminorando gastos, estos sí necesarios (me decía que en Tenerife había alrededor de seiscientos jóvenes que estaban dejados a la mano de Dios -los llaman en situación de “desamparados”-, y a los que esta ONG daba una educación básica).

El editorial seguía diciendo que estábamos en democracia, y que todo el mundo podía opinar, bla, bla, bla… Y casi al final decía: “no estamos ante una confrontación civil entre partidarios y adversarios del puerto industrial”. ¡Eso es lo que ellos querrían! Precisamente se está ante una CONFRONTACIÓN, ante una LUCHA.

Y no sólo con el puerto de Granadilla: a la manifestación acudieron muchas personas (de asociaciones de vecinos, de grupos culturales, ecologistas, etc.) que también protestaban por sus luchas concretas, pero que se unían ante una causa que compartían.

Asombroso: recuerda al síndrome de la manifestación por el tendido eléctrico hace ya un tiempo en Tenerife. Por cierto: noticia que en su momento apenas se dio en la prensa grancanaria, de ahí que pasáramos a hablar de la incomunicación entre nuestras islas capitalinas (Dios mío, dónde estarán las otras).

Ella me decía que el movimiento social, a lo largo de la historia, había sido más enérgico y combativo en Gran Canaria. Yo le contaba la impresión que me daba últimamente, pongamos por caso, las dos numerosas manifestaciones tinerfeñas a las que he aludido, que escupen y gritan problemas concretos de una isla concreta, y sin retumbos enormemente mediáticos (todo lo contrario), como pudo tener -y menos mal- las movilizaciones del NO A LA GUERRA de Irak. A mí me daba la sensación de que era, precisamente, esa mente (digamos reservadamente) “más conservadora” de la sociedad tinerfeña la que daba, por un lado, engendros (canariamente hablando) como ATI pero, a la vez, la que podía hacer mover a unas personas más sentidas por su realidad inmediata…

Me habló del “anillo insular”, del que no tenía ni idea. Se trata de un círculo “autopístico” alrededor de Tenerife, uniendo la nueva carretera del norte (que, si no me equivoco, lleva hasta La Orotava o Icod) con la zona del sureste, más o menos. Claro, yo le contaba el proyecto de carretera de La Aldea, etc. Es decir, problemas similares que la incomunicación (por supuesto que generada, a propósito) hace que vayamos cada uno por nuestros lados. Necesitamos de grupos sociales interinsulares…

Y me habló de su cercanía a las medianías de Tenerife. En concreto, del pueblo donde nació: Guía de Isora. Me hablaba de un lugar, de un espacio, de una tierra que ella percibía religiosamente (son sus palabras). Y sus padres y abuelos. A la vez que echaba pestes del apartamiento en el que tienen los políticos a los pueblos de estas zonas interiores (como aquí…).

En fin, que aquí queda escrita parte de mi andanza conversacional por nuestra hermana grande.

Sugerencias de lectura en Red

(daniel bellón) La denominación de Red de Internet da para muchas metáforas. Para mí, trastear entre mis webs de referencia (la mayoría bitácoras) es un poco como ir de pesca: usar la red para encontrar textos, imágenes y visiones que me ayuden a manejar esta compleja realidad en la que nos movemos. También para, a veces, echar unas risas.

De estos últimos días de pesca virtual, me gustaría compartir con ustedes algunos de los frutos que más me han llamado la atención; espero que estos textos les resulten tan interesantes como a mí.

Empiezo por un texto que tiene vocación de referencia, y al que alguna vez volveremos para explicar(nos) muchas de las cosas que pasan y van a pasar en campos como los sistemas informáticos, el comercio internacional, las leyes de propiedad intelectual, la vigilancia en la Red, etc. Es imprescindible que lean Era del imperio, semillas de laresistencia, de David de Ugarte, uno de los fundadores del colectivo ciberpunk español. Tecnología y dominación global tiene más que ver de lo que pueda parecer a simple vista; las tecnologías libres se convierten en un espacio, en herramientas de resistencia al "big brother" global.

Otro texto que me ha impresionado (que me ha presionado para reflexionar con fuerza) es este: El daño de la literatura, artículo firmado por Monika Zgustova, publicado inicialmente en el "caudernillo de la edición catalana" de El País, y volcado a la Red por Magda Bandera. Un sólo párrafo, para abrir boca:

"La literatura puede hacer tanto daño como la política. ¡O más!", repite Maria Djurdjevich contestando a mi pregunta. Y continúa diciendo que la literatura heroica, nacionalista, de gran tradición en Serbia, halaga al serbio como portador de la fuerza física y la renovación nacional, y que esa literatura ayudó muy activamente al gran resurgir del nacionalismo serbio en los años ochenta y noventa del siglo XX. El resto, ya lo sabemos: los políticos -y hubo entre ellos literatos célebres, como Dobrica Cosic- aprovecharon ese sentimiento nacionalista para llevar a cabo, con el asentimiento de una parte de la población serbia, la limpieza étnica en ese melting pot multiétnico que era Yugoslavia. Mientras escucho los argumentos de los conferenciantes, recuerdo cómo, de niña, en la Checoslovaquia comunista, nos obligaban a leer poemas y novelas llenos de odio contra el enemigo de clase, y cómo yo no comprendía por qué estaba obligada a odiar; y recuerdo haber leído, años más tarde, en una clase de literaturas eslavas en la Universidad de Chicago, poemas llenos de odio de los poetas nacionalistas serbios. Uno de esos poetas, Djura Jaksic, escribió: "Hermanos, ¡meteos en la sangre! ¡Quemad la aldea! ¡Lanzad a las llamas a niños vivos!".

Este texto, descubierto gracias a esa referencia imprescindible que es Libro de Notas, prosigue hablando de la responsabilidad de los escritores. El que una actividad sea libre y no deba estar sujeta a la censura no significa que uno no sea responsable de cada letra que escribe, de los valores que esas letras defienden, o de los odios que esas mismas letras alimentan. Pensar que la literatura o cualuqier arte es un espacio libérrimo que justifica en sí mismo cualquier cosa que se diga es tratar de engañar a los demás y a uno mismo. A mí me recordó una frase leída en un artículo a Hans Magnus Enzenzsberger a mitad de los 90, en que venía a decir que había un gran número de intelectuales en Europa dando argumentos, alimentando la próxima guerra civil...

Para terminar, parece que un nuevo fantasma recorre Europa, un nuevo sujeto histórico puede estar empezando a hacer acto de presencia organizándose al margen de las estructuras del sistema, para resistir, y para conseguir una "buena vida" (El derecho esencial) para todos/as: El precariado. Encontrarán una reseña muy interesante en Sin Dominio, que anuncia para los próximos días 5 y 6 de diciembre el encuentro del precariado europeo en Málaga. Y aquí pueden acceder a un clarificador manifiesto: la Declaración de Middlesex del precariado europeo.

Y por hoy ya vale, a leer y a pensar, que hay un par de festivos a mano... quien pueda disfrutarlos.