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EN CASA DEL POETA

(Por Agustín Bethencourt)

Una vez más he tenido el inmenso honor de estar en casa del poeta y amigo Juan Jiménez. Él no sabe que estoy escribiendo estas líneas y me hubiera dicho que empleara mi tiempo en cosas más útiles si se me hubiera ocurrido insinuárselo siquiera. Pero es una urgencia la que me lleva a escribir esto ahora. La urgencia de la amistad correspondida. Y del agradecimiento ante tanta letra vivida. Compartir con él una conversación en su biblioteca o en su despacho es llenarse de energía y de ganas de romper con la rutina mala, con la impuesta estéril, para hacer la revolución y ganarle la partida a lo que no es vida. Cada palabra salida de su boca tiene un peso y una densidad propias. Me recuerda en esto a otro amigo, Manolo, el de el Pico del Viento, el hermano de Alfredo. Ambos tienen esto en común. Y otra cosa. En Juan se encuentra la ética del Sur. La misma que aprendí de mi padre. La palabra justa y el trabajo duro.

La urgencia y el agradecimiento, decía. Gracias a María por sus atenciones después de un día duro. Rodeado de tanto libro y de tanta palabra vivas, hablando con Juan y con Daniel me he reencontrado con Canarias en medio de versos con sabor a oración antigua.

Ojalá la vida me dé tiempo para agradecer todo esto. De veras.
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4 comentarios

Maribel Lacave -

Juan Jiménez. ¡Cuántos recuerdos! Si alguien lo ve, que le lleve un abrazo de esta canaria que ahora vive en el Pacífico sur.

Fernando: -

Sin duda. La casa de Juan da fuerza, buena fuerza, la de un "más que yo mismo", cuando todo parece venirse abajo. La esperanza no-religiosa de Juan (habría que matizar eso, eh) alienta como el viento del Sur que comentan los amigos casi en la clandestinidad.

Philippe Tacoronte -

La casa de Juan Jiménez es para algunos buenos amigos míos casi una universidad clandestina, más real aunque oculta, a la que bajamos los domingos para ganar fuerza cuando arriba en la supuesta verdad ficticia el aire se nos hace menos respirable.

Profesor Ruano -

Gracias al profesor Bethencourt por recordarme al poeta carrizalero que tuve la suerte de leer por primera vez hace mas de veinticinco agnos. Recuerdo que me impacto' su verso recio, con sabor a jornalero, lleno de humilde esencia aparcera. Me dije: "Este poeta sabe no solo comprender sino tambien hacer hablar a nuestra gente del "SUR" (este, sureste, sur de Gran Canaria). Asi se lo dije, creo, y tambien que habia que mejorar. El sonrio'. Lo habia comprendido: Solo mejorando se llega a ser perfecto.
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