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Trapera

Por el derecho a no tener nacionalidad

(Por Hendrik Vaneeckhaute) (*)

Artículo 15 de la declaración ‘Universal’ de los Derechos Humanos:

Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.

A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.

¿Por qué, un ser humano, si “nace libre e igual en dignidad y derechos y, dotado como está de razón y conciencia”, tiene la obligación de tener la nacionalidad de algún estado, y no sólo puede ser, ser humano? Me parece que si tiene ‘razón’ y ‘consciencia’, y además hace uso de ello, se da cuenta de que la base del pensamiento ‘nacionalista’ (como por ejemplo fronteras que sólo dejan pasar a unas personas nacidas en determinados territorios, tener el derecho a una justicia mínima o poder ser bombardeados a voluntad de terceros, o conceptos como la ‘patria común e indivisible’ por la cual uno debe estar dispuesto a morir, hasta el culto a un trapo de colores llamado ‘bandera nacional’, etc.) está basado en la no-lógica, y completamente contrario a la supuesta igualdad ‘en dignidad y derechos’ de todos los seres humanos.

Cuando hablo del pensamiento nacionalista, no estoy hablando del derecho a la autodeterminación de cada pueblo o cada grupo de personas que así lo deciden. Ni del derecho de usar su propia lengua, organizarse como quieren y tomar las decisiones que quieren. Pero del nacionalismo creado y utilizado por los poderes económicos y militares para mantener ciertas estructuras y privilegios y que incluye un pensamiento único basado entre otras cosas en un supuesto pasado casi mítico, un pensamiento racista y discriminatorio (eufemísticamente oculto como la defensa de los intereses nacionales) y el culto a ciertos símbolos ‘nacionales’. En general se suele impulsar este pensamiento nacionalista sobre todo en territorios artificialmente creados, para reprimir las aspiraciones de autodeterminación de grupos dentro del territorio y para mantener las estructuras de poder.

La Declaración de los Derechos Humanos, habla del derecho a tener una nacionalidad, pero en ningún momento indica que eso sea una obligación. ¿Por qué no tenemos el derecho a no ser obligados a tener una nacionalidad?

¿Por qué necesito ser ‘español’ (después de haber nacido de una madre o padre ‘español-por-obligación’) y aceptar que un tal ‘Zapatero’ hable en mi nombre cuando expresa su dolor por la muerte de un dictador, como hace unos meses con el fallecimiento del rey Fahd de Arabia Saudí (conocido pero no condenado criminal), o aceptar que exprese su alegría en mi nombre por el nacimiento de una niña que por alguna anormalidad estúpida e histórica, está considerada por encima de los demás y destinada a ser declarada ‘reina’ de todos los que tocan ser ‘españoles’? A mí, Zapatero no me pidió mi opinión sobre estos asuntos. (Pueda ser que el sea elegido por un número determinado de personas -en este caso por más o menos el 25% de la población- para gestionar asuntos del territorio español, pero eso no le da el derecho de hablar en mi nombre.)

¿Por qué tengo que aceptar que algunos deciden por mí, sólo porque la mayoría prefiere no pensar y llenar su vida diaria consumiendo y destruyendo lo que será el espacio vital de las futuras generaciones?

¿Por qué, siendo obligado a ser español, además, tengo la obligación de defender España (art. 30 de la constitución española), cuando a mi, igual no me convence la idea de España, o me parece que no merece la pena defender un estado basado en la hipocresía, la injusticia y la violencia histórica, o me pueda parecer que los supuestos invasores serán una mejora para la sociedad? (Hasta se auto-otorgan el derecho a condenarme a la pena de muerte en tiempos de guerra por pensar así.)

España es una creación artificial, basada en conquistas, arreglos entre déspotas y la limpieza étnica. No veo ninguna razón para sentirme y ser considerado español. (Tampoco veo razones para que me consideren catalán, vasco o lo que sea.)

Puede ser que la sociedad en la cual vivo, por razones de convivencia, me pide que esté registrado y que me atribuyan un número. Pero eso no debería obligarme a ser español (o de la nacionalidad que sea), ni sentirme de ninguna forma, ni que tengo que defender nada, ni que tengo que aceptar que algunos hablen en mi nombre sin ni siquiera consultarme. De hecho, cuando veo el comportamiento de la guardia civil, por ejemplo en Melilla, me solidarizo más con los sub-saharianos y defendería más sus derechos antes de respetar unas leyes españolas injustas.

[Artículo escrito por Hendrik Vaneeckhaute y publicado en Rebelión el 09/11/2005]

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