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Disyuntivas canarias

Por Teodoro Santana (*)

Sencillo: si no actuamos conscientemente, actuamos al tún-tún. Si actuamos como esclavos, tendremos amos. Si actuamos como súbditos, alguien se nos colocará de rey. Siempre hay un roto para un zurcido. Si le enseñamos a nuestros hijos a no rebelarse ante los atropellos, serán unos adultos resignados. Y una y otra vez atropellados. Si preferimos callarnos, otros hablarán por nosotros, diciendo lo que les dé la gana. Y haciendo lo que quieran.

Si no elegimos políticos honrados, tendremos políticos corruptos. Si permitimos que desaparezcan miles de millones de la tarta pública, no nos dejarán ni las raspas. "Los que roban la carne de la mesa –cantaba Bertolt Brecht– predican resignación. Aquellos a los que están destinados los dones, exigen espíritu de sacrificio".

Si no optamos por políticos dialogantes, soportaremos políticos autoritarios. Si no elegimos políticos inteligentes, tendremos políticos ineptos. Si no ponen los intereses populares por encima de los suyos propios, estarán al servicio del mejor postor. Si no defienden los intereses de la mayoría de los ciudadanos, defenderán los de una minoría. Si no están del lado de los asalariados y de los pequeños empresarios, estarán del lado de los grandes capitalistas.

Si no defienden los intereses nacionales de Canarias, defenderán los intereses internacionales de otros. Y si les seguimos votando, seguirán haciendo lo mismo: les va bien. Es fácil de entender. "Los que llevan la nación al abismo –sigue Brecht– afirman que gobernar es demasiado difícil para el hombre sencillo".

Si no luchamos por tener la soberanía sobre nuestras aguas territoriales. Si no apostamos porque el petróleo canario sea para todos los canarios. Si transigimos con que se nos robe una sola gota de ese petróleo. Si toleramos que se regale a una o a varias multinacionales. Si consentimos que desde un consejo de administración, o desde un consejo de ministros europeo, se fijen las medidas de seguridad –o de inseguridad– de las prospecciones. Si dejamos que otros decidan por nosotros, y por nuestros hijos, y por nuestros nietos.

Si permitimos que todas esas cosas pasen, paisanos, tendremos los que merecemos.

(*) Publicado en Rebelión el 11-05-2005
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2 comentarios

Profesor Ruano-2 -

Hay una frase o proverbio de su escrito con el que estoy plenamente de acuerdo y que resulta doblemente doloroso porque quien mayormente defiende esa postura es la autollamada izquierda progresista. Me refiero a que "los que no defienden los intereses nacionales de Canarias, defenderán los intereses internacionales de otros". Este aserto se puede aplicar de forma absoluta a nosotros los grancanarios y de forma relativa a los habitantes de nuestro archipiélago, en diferentes proposiciones.

Por ello, debemos tener ideas claras: Aguas canarias; si hay prospecciones, que sean con derechos canarios; apoyo a nuestros vecinos históricos, no por débiles menos dignos de ser ayudados. Ya es hora de descubrir y rechazar a los enemigos de Gran Canaria y también de Canarias. Pero no olvidemos que la caridad empieza consigo mismo. Si la doble provincialidad hizo que se nos respetara más, ¿por qué no ha de ser igual con la doble autonomía? Unidad sí; pero nuestra unidad debe basarse en el respeto, no en la "romántica fuerza y falsa unidad" que nos da el predominio de una isla sobre las restantes. Y esta afirmación vale para cualquier isla. Es preferible una confederación a una federación imperial centralista.

Y para terminar, me permito remitir a los seres pensantes a un escrito del buen periodista José A. Alemán, "Hay que hablar claro", editado hoy sábado 14-05-05 en canariasahora.com.

Profesor Ruano -

Sr. Santana, expresa vd. las ideas con agudeza y sentido común, convergencia resultante del conocimiento unido a la profunda meditación.

Si dejamos que maten a nuestro vecino sin protestar (¿recuerda?), después vendrán a por nosotros. Y llegado ese momento, ya no habrá surcido que arregle nuestro roto; pero, indudablemente, nadie sabe lo que vale un peine (Olarte dixit) hasta que se queda sin él.

Cuando damos el voto a un político, pensando en Canarias, claro, lo hacemos en la esperanza de que estamos haciendo lo mejor. Al cien por cien, es imposible. Ni siquiera el voto que se da alguien a sí mismo. Pero el hecho de equivocarnos no nos debe llevar a la desesperación. O volvemos a intentarlo o, si creeemos que nadie nos representa, mejor cogemos la caña de pescar, pues también en un asadero se puede meditar.
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