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LA DIGESTIÓN DE LAS IDEAS

(por Agustín Bethencourt)

Gracias a la Biblioteca Económica Canaria tenemos una nueva edición de un clásico de la literatura del género: “Desarrollo y Subdesarrollo de la Economía Canaria”, de Oscar Bergasa Perdomo y Antonio González Viéitez. La primera edición de este libro, de finales de los ’60, supuso un despertar para toda una generación de jóvenes universitarios canarios que, por esta época, rondaba los treinta años. Puede parecer exagerado lo que estamos diciendo, pero nos remitimos a las palabras de un Catedrático de Geografía e Historia jubilado, Don Cándido Rodríguez Ruano, quien en las II jornadas en memoria de Manuel Alemán, recientemente celebradas, decía que tres libros habían marcado a su generación: “Desarrollo y Subdesarrollo de la Economía Canaria”, “Natura y Cultura de las Islas Canarias” y “Psicología del Hombre Canario”. Palabras de alguien que ha ejercido la docencia en nuestro archipiélago durante más de treinta años.

El prólogo, obra de Domingo Garí Hayek, no recoge, en nuestra opinión, este impacto del libro. Pues, si bien comienza diciendo que estamos ante “un libro de extraordinaria importancia para la historia de la intelectualidad de las islas”, luego se detiene en aspectos relacionados con la oposición democrática en España para terminar, en un tono melancólico y sin ningún empuje de cara al futuro, animando a la lectura del libro, ya que –se limita a decir- se trata de “un buen ejercicio para la memoria individual y colectiva”. No nos parece, en suma, que el prólogo esté a la altura del libro que luego vamos a leer.

Pero este libro no sólo contribuyó decisivamente al despertar de la conciencia de canariedad en la generación antes mencionada por medio de la lectura individual. También se organizaron grupos de lectura y de estudio del libro. Uno de ellos, quizá el que daría mejores frutos, fue el animado por Manuel Alemán Álamo entre estudiantes canarios que estaban en Madrid.

Fruto de esa lectura atenta y minuciosa son algunas de las líneas de “Psicología del Hombre Canario”. En efecto, cuando Alemán habla del reparto de la propiedad de la tierra y del agua, o del analfabetismo en Canarias, está poniendo por escrito algunas de las reflexiones que nacen del análisis del libro de Bergasa y Viéitez.

Recordemos las palabras del profesor Ruano: Desarrollo… y Psicología… habían sido dos de los libros que habían marcado a su generación. Esto, al parecer, fue así. Pero que es que también había consanguinidad entre ambos libros.
Leyendo esta obra el lector no especializado en temas económicos se sentirá cómodo y se dejará atrapar con facilidad (y con enorme placer). Estamos ante uno de esos libros que abren un panorama nuevo, una nueva manera de ver y comprender la realidad que nos rodea.

Empecemos por un tema que sé que interesa mucho en esta bitácora. El de la ciencia y la investigación. Hace ya más de tres décadas, los autores planteaban como una cuestión clave para salvar la agricultura (que estaba entrando en un ciclo de crisis del que, en rigor, todavía no hemos salido) y para racionalizar el incipiente turismo (se hablaba en aquel momento de medio millón de turistas) el fomento de la investigación. Decían con una claridad pasmosa (tengamos en cuenta que nuestra élite política y económica aún no ha comprendido esto más de treinta años después) que la cantidad y la calidad del agua que bebemos depende de la investigación; otro tanto de lo mismo ocurre –escribían los autores- con los mercados europeos de la agricultura: estudiarlos y actuar respondiendo con agilidad a los cambios del mercado, también requiere investigación e investigadores. Decían esto cuando todavía existían unos niveles de analfabetismo para ruborizar a cualquiera hoy en día. Veían más allá, quiere decirse.

Un ejemplo: todos hemos oído hablar de los problemas que tienen el plátano y el tomate de Canarias para colocarse en los mercados europeos. Nuestros nacional-insularistas en el poder denuncian (a toque de elecciones) que Madrid está favoreciendo las importaciones marroquíes frente a las canarias, etc., etc. Bueno, pues ya los autores veían claro a finales de los sesenta que, mientras que un país subdesarrollado como Marruecos estaba introduciendo mejoras técnicas en sus cultivos y estudiando los mercados europeos para posicionar mejor sus productos, en Canarias no se hacía absolutamente nada; y lo único que hacía competitivos los tomates canarios en Europa eran… los sueldos miserables de los aparceros. Esa era la terrible verdad: no hacía falta investigar porque se podía mantener en condiciones de casi subsistencia física a miles de personas que trabajaban en el campo.

Efectivamente, en Canarias la investigación ha sido la gran ausente hasta nuestros días. Así, no solamente la crisis del bicultivo tradicional (plátano-tomate) se ha gestando lentamente (por inacción), sino que ya mucho tiempo antes, en la segunda mitad del siglo XIX, la ausencia de investigación en Canarias, tuvo sus primeros efectos catastróficos: la cría de la cochinilla fue introducida en Canarias en la década de 1830 y empezó a dar casi inmediatamente excelentes resultados como producto de exportación, ya que se trataba del mejor colorante de la época. Todo comenzó a cambiar desde que, en 1862, en la exposición de Londres, se empezaron a dar a conocer los nuevos colorantes artificiales (productos de la investigación). Como consecuencia de esto, en 1872 la cría de la cochinilla entra en quiebra definitiva y los cultivadores se arruinan. Esta fue una de las crisis económicas más duras que ha vivido el Archipiélago.

¿Y qué ha ocurrido tradicionalmente en épocas de crisis? La palabra que a todos nos viene a la mente es emigración. Efectivamente, el desplazamiento masivo de la población (fundamentalmente hacia América) ha sido la válvula de escape de la sociedad canaria en épocas particularmente difíciles. Los autores hacen un análisis, breve, accesible y extraordinariamente lúcido de este fenómeno. En su opinión, la estructura de las relaciones de producción ha permanecido sin cambios sustanciales desde los primeros tiempos de la colonización hasta, por los menos, 1936, gracias a la emigración. Crisis tras crisis, las capas más humildes de la población (la inmensa mayoría) salían perjudicadas perdiendo lo poco que tenían… y sin embargo no se producían cambios importantes en las relaciones económicas. Esto se puede explicar únicamente porque los más jóvenes, los más capaces, (los más rebeldes, añadamos) se marchaban, “aliviándose” de esta manera la tensión social. La emigración como calmante de la ansiedad social de una sociedad subdesarrollada.

Otro de los análisis alumbradores que aparecen en este libro es el de la división de la propiedad de la tierra y del agua como causa, entre otras cosas, de la desaparición de la agricultura tradicional. La idea es la siguiente. Hasta principios del siglo pasado existía en Canarias una agricultura de autoconsumo (papas, cebollas, etc.) que evitaba una mayor dependencia del exterior. Hoy, esta agricultura ha desaparecido en la mayor parte de Canarias. ¿Por qué? La respuesta hay que ir a buscarla, según los autores, al siglo XVI. Cuando llegaron los primeros colonizadores y comenzaron los repartimientos de tierras y de “heredades” (cursos de agua), unas y otras se repartían a la par; pero ya unas décadas más tardes –aventuran los autores que por no quedar más cursos de agua para repartir- se comienzan a repartir sólo tierras. Es decir, se separa la propiedad de la tierra de la propiedad del agua. Este fenómeno dará lugar al nacimiento de los “terratenientes” y de los “aguatenientes”. El agua pasa de ser un recurso básico de la comunidad (un bien extraordinariamente escaso en Canarias) a ser una MERCANCÍA. Esto explica que se repartiera más agua, no a las cuencas más necesitadas, sino a las que estaban explotadas por propietarios capaces de pagar los precios más altos. Para complicar aún más el asunto, los propietarios del agua (extraña combinación de palabras) y los de los canales de distribución, no eran siempre los mismos, con lo que se introducía un factor más de encarecimiento del producto final, el agua para el riego. Encontrar agua en pozos y galerías y posteriormente comercializarla se convirtió en un gran negocio al que muchos fueron los llamados y pocos los elegidos. Se podría hablar de una “fiebre del oro blanco”: sólo en Gran Canaria, en 1968, había 1500 pozos, uno por cada kilómetro cuadrado de superficie.

Pero para comprender en toda su dimensión este fenómeno especulativo, no debemos perder de vista que la economía canaria se ha basado siempre en factores exógenos. En otras palabras, el gran negocio agrícola era un negocio de exportación. Y en el bicultivo tradicional (tomate-plátano), como todo el mundo sabe, el cultivo del plátano se lleva la mayor parte del agua. Es un cultivo que requiere mucho riego. Las expectativas de venta eran altas (en el caso del plátano, fundamentalmente en España, por la política de proteccionismo existente), con lo cual los cultivadores de plátano estaban en condiciones de pagar un precio más alto por el agua que el que podían pagar los pequeños agricultores. De este modo, los precios del agua fueron subiendo quedando sólo al alcance de los cultivadores de productos de exportación. Así se firmó el acta de defunción de los cultivos tradicionales en Canarias: con el negocio especulativo del agua.

También hay palabras en este libro para el turismo. Canarias es hoy en día la octava potencia turística mundial (en cifras absolutas; es decir, en comparación con Estados como Francia, Estados Unidos, etc.). En 1968, sin embargo, el negocio apenas acababa de empezar. Pero ya los autores atisbaban en el horizonte muchos de los errores que posteriormente se han ido cometiendo: por ejemplo, la fragmentación de la propiedad turística de los canarios, imposibilitando la competencia con los grandes “monstruos” hoteleros europeos, aliados con las agencias de viajes y las compañías aéreas.

Pero, quizá lo más interesante de la visión de Bergasa y Viéitez sobre el recién nacido fenómeno turístico, sean las precauciones que mantenían frente al nuevo “monocultivo” que se avecinaba (tengamos en cuenta que los autores apuestan en todo momento por una racionalización de la estructura económica, por una diversificación de la actividad productiva): según los autores, la actividad turística “no presenta base suficiente sobre la que plantearse el futuro de la región. Y no la presenta porque el pueblo canario no ha protagonizado en ninguna forma dicho proceso; simplemente se ha plegado a él, intentando obtener los mejores resultados, cada cual desde sus perspectivas particulares y de su condición de clase”.

Como vemos, los autores nos proporcionan en este libro valiosa y abundante información sobre las causas históricas de diferentes aspectos de la realidad económica de Canarias. Pero no se limitan únicamente a la exposición de datos y al análisis de los mismos. Proponen cambios auténticamente radicales; en concreto un plan de desarrollo para Canarias, que ellos ven “como un proceso, no sólo de regeneración económica de las islas, sino también de regeneración moral de la sociedad canaria”.

Este plan –que no vamos a desglosar aquí con la esperanza de que los lectores se acerquen directamente al libro- contiene elementos relativos a los tres sectores básicos de la economía canaria, dándole especial relevancia a un funcionamiento verdaderamente democrático de la sociedad (escuchado desde nuestro hoy, este mensaje resuena con extraña fuerza) y al desarrollo de la educación y de la investigación, ejes centrales a lo largo de toda la obra.

Nos encontramos sin ninguna duda ante un libro clave para nosotros. Ahora sólo resta abrirlo, deglutirlo, digerirlo y convertirlo en energía para el camino que haremos al andar.

Moscú, 8-10 de junio de 2004

7 comentarios

Magec -

Hola, Bethencourt: Quiero conseguir ese libro y leerlo. Cuál crees tú que es la mejor manera de conseguirlo estando como estoy en Alemania?
Muchas gracias por compartir la información y tu análisis; me has metido muchas ganas.

Abrazos desde Colonia a Moscú

AGUSTIN BETHENCOURT -

Gracias a ti, Fernando, por darle vida a través de la lectura, verdadero ejercicio de resurrección de la letra.
Un abrazo.

Fernando -

T......: Un abrazo y gracias por el texto-emancipatorio,
por el trabajo que ya significa empezar a realizar lo escrito. Un saludo moscovita.

AGUSTIN BETHENCOURT -

Espero que la lectura del libro te sirva para sacar aún muchas más ideas, Romén.
Yo, por mi parte, voy a hacerme este verano con un ejemplar de "Guad", tal y como nos recomienda Daniel. Aquí podríamos decir -con Iosif Brodsky- que "uno es lo que lee". Un saludo.

daniel -

Yo aun recuerdo la que se montó en Tenerife (yo vivía allí entonces) y La Palma cuando el PSOE trató de sacar una ley de aguas para racionalizar su explotación. La movilización social alrededor de la aguatenencia fue brutal y se acusó al gobierno canario de entonces de expropiación. Sobre las minas de agua en Canarias. Guad, de Alfonso García ramos, lectura imprescindible.

Romén -

Me parece un texto muy necesario, ya que hasta ahora no había leído algunos de los datos que se citan, por ejemplo lo de los aguatenientes, y la falta de inversión de capital para que evolucionara nuestra agricultura. Qué duda cabe, que la tierra cada vez está menos cuidada por nuestros agricultores (y no por falta de ganas),pero es que lo que me parece inadmisible es que en el s.XXI esos políticos que nos representan, no muevan ni un duro para cambiar la situación. Si el problema es que no tienen ni idea de por dónde empezar a solventar este grave problema de dejadez,quizá deberíamos invitarles a que lean el libro y lo digieran.Yo desde luego lo haré.Seguro que las ideas que ya planteaban antaño los autores, pueden ser todavía de gran utilidad. Gracias por la recomendación,señor Bethencourt.

daniel -

El texto es extenso y mi comentario breve: magnífico. Una de las cosas que deberíamos emezar a tener claritas es que siempre hemos tenido el enemigo en casa, si bien se envuelve cuando interesa en banderas de diferente colorido, según la ocasión...