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Copyright? Copyleft!

logo de GNU (por Daniel Bellón)
El título de este mensaje gira alrededor del angloretruécano que encabeza este mensaje: copyright-copyleft.

Como ya sabrán, el tema de las patentes de software y de los derechos de autor en general están, ahí va un tópico, de candente actualidad. Los partidarios del software libre se han movilizado contra la ley europea de patentes , considerando que puede cercenar las posibilidades de innovación tecnológica en el continente. La presión de los colectivos más activos en favor del software libre, y organizaciones sociales sensibles ha conseguido que se introdujeran cambios importantes en esa ley, que por ahora, nos alejan del modelo norteamericano, donde todo es patentable (por ejemplo ¡Las ideas de negocio!) por el primero que corra. Precisamentel el fomento de la innovación tecnológica también era alegado por las grandes compañías de software propietario (casi todas nortamericanas) en defensa de su modelo de patentes de software. Lo que está en discusión es quien es propietario de una idea , como si las ideas surgieran del mero magín de cada cual y no estuvieran condicionadas por una cultura compartida en un determinado entorno social.

UN ejemplo claro de los excesos de la “propietitis registradora” es ver como nos anegan las lágrimas de las compañías discográficas y de algunos músicos, sobre los efectos de la piratería organizada y de las copias vía Internet sobre el negocio de la música en una carajera de intereses autocontradictorios ( la misma compañía que nos vende la tecnología que permite el copiado, se mete con nosotros por darle uso) . Bajo el ruido de los que amenazan con el fin de la música si ellos no pueden hacer negocio con ella (por ejemplo la Sociedad General de Autores con nuestro ínclito paisano Eduardo (antes Teddi) Bautista a la cabeza, o de los que reclaman que en las bibliotecas se pague un canon por libro prestado (una idea genial para fomentar la lectura, vaya...)hay unas cuantas voces, tangenciales, pero de gran interés: las que promueven una nueva forma de relacionarse con los productos derivados de la creatividad humana, como música, software, literatura: el llamado copyleft.

Este nombrete es un juego de palabras de su primer promotor, Richard Stallman, gurú inicial del movimiento del software libre. Copyright es una palabra inglesa, que de ser su uso tan común puede considerarse casi española, que significa “derecho de copia”. Se refiere normalmente a que un producto de la creatividad humana: una canción, un libro, etc, no puede ser reproducido sin la autorización expresa de su titular, que es el propio creador o la empresa para la que ese creador trabaja. Esta autorización suele ir vinculada a la percepción de unos derechos sobre la copia realizada. Normalmente se prohíbe la reproducción total o parcial de la pieza de que se trate. Right significa “derecha” en español, también en la acepción política de ese término, por eso, al presentar su alternativa, a Stallman se le ocurrió hablar de copyleft, que sería algo así como “derecho de copia de izquierda”, o literalmente si se prefiere “izquierdo de copia”...

Bueno, tras este entretenido jueguecito de palabras se encuentra una idea bastante profunda. Stallman denunció públicamente que según las normas de derecho de reproducción del software en América, cuando le prestas un CD con un programa a un amigo para que lo instale en su ordenador estás cometiendo un delito perseguible por las autoridades federales. Además, las normas americanas de patentes impiden estudiar y modificar un software patentado sin el permiso de su titular (el que lo creó o el primero que se fue corriendo a registrar el nuevo invento o a veces, la simple idea, ya que en EE.UU. esto es posible: la empresa Amazon. por ejemplo, patentó la “idea de negocio” de vender libros por Internet, según esto, toda empresa que se dedique a vender libros por la Red debería pagarle un canon a Amazon; en Australia hace dos años, un abogado de patentes registro una pieza de forma redonda, móvil al friccionar con una superficie de cualquier tipo, esto es la rueda,para denunciar lo absurdo del actual sistema de patentes al estilo anglosajón).

En el campo del software, Stallman considera que esta situación afecta a la difusión del conocimiento y a la posibilidad de innovación, y, como alternativa, estableció una fórmula de registro de patente que le viene a dar la vuelta al concepto de copyright: el software (que es fundamentalmente una escritura en un tipo de lenguaje) realizado a su amparo puede reproducirse, modificarse y estudiarse libremente, siempre que los productos derivados de esos cambio (posibles mejoras), copias o estudios, estén sujetos también a esa cláusula de libertad, esto es: tú puedes copiar mi software, e incluso modificarlo, pero esa copia, a su vez, debe poder ser copiada libremente, y esa modificación, debe poder ser usada bajo las normas del copyleft. Todo ello se articula en una detallada licencia,la GPL.
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Bajo este criterio se desarrolló Linux y otro montón de aplicaciones informáticas de lo que se llama elsoftware libre (libertad de copia, modificación, estudio y mejora) que ya es una industria en sí mismo, a raíz de unas reglas alternativas, que suponen, no sólo una reducción de costes (no hay licencias que pagar) para sus usuarios, sino también de seguridad (yo conozco lo que hay ahí dentro y lo puedo adaptar a mis necesidades o revisar que nadie me está metiendo “algo” en mi máquina que no controlo).

En el campo de la música y de los libros, es donde funciona sobre todo el concepto de copyright, más que el de patentes, aunque los dos se refieren al mismo principio: la propiedad, supuestamente sacrosanta del creador, del autor, sobre su obra. Y en este último ámbito, surge el concepto de copyleft del colectivo Wu Ming , autores de novelas tan conocidas como “Q” (que puede bajarse completa desde su sitio en formato Pdf.) o la reciente "54" . Este colectivo, cuyo nombre significa, precisamente, “sin nombre” , tiene en su site colgadas sus reflexiones sobre esta cuestión del derecho de reproducción, y, creo, son muy interesantes y podrían ayudar a reenfocar el problema de las copias por Internet o de la piratería. Aquí van unos pocos de los pildorazos de este colectivo sobre este asunto:

“Durante decenas de milenios la civilización humana ha prescindido de copyright del mismo modo que ha prescindido de otros falsos axiomas parecidos, como la “centralidad del mercado” o del “crecimiento ilimitado”. Si hubiese existido la propiedad intelectual, la humanidad no habría conocido la epopeya del Gilgamesh, el Mahabharata y el Ramayana, la Ilíada y la Odisea, el Popol Vuh, la Biblia y el Corán, las leyendas del Graal y del ciclo artúrico, el Orlando Enamorado y el Orlando Furioso, Gragantúa y Pantagruel, todos ellos felices productos de un amplio proceso de conmixtión y combinación, reescritura y transformación, es decir de “plagio” unido a una libre difusión y a exhibiciones en directo”.
“Las mismas corporations que venden samplers, fotocopiadoras escáneres y masterizadores controlan la industria global del entertainment, se descubren dañadas por el uso de tales instrumentos. La serpiente se muerde la cola y luego azuza a los diputados para que legislen contra la autofagia”.


Unas notas sobre estas citas: cuando Wu Ming habla de la copia libre, no se refieren a la piratería gestionada por el crimen organizado “sección del capitalismo extralegal no menos desplazada y jadeante que la legal por la extensión de la “piratería” autogestionada y de masas.”, sino a ejercicio de la copia libre que realizan millones de personas desde sus casas a través de Internet.
Sobre la “renta” y el “control parasitario”. ¿Sabía usted quien es el propietario de las canciones de los Beatles? Pues nada más y nada menos que Michael Jackson, que los compró a la discográfica EMI. Tanto si les gusta ese personaje como si no, cada vez que se reproduce una canción de The Beatles en un medio público, el Sr. Jackson cobra... ¿tiene eso alguna lógica social?

¿Cómo afecta el copyleft a las propias obras de Wu Ming? Piensen que estos señores viven de la creación literaria, y, por tanto, les deben preocupar sus ingresos como a cualquiera... ellos mismos lo cuentan en una entrevista del año 2002:

"En general, estamos por la libertad de reproducción. La libertad de reproducción no limita la venta en las librerías: se trata de circuitos distintos, enfoques distintos, soportes distintos. Lo experimentamos todos los días con nuestros libros, que llevan esta indicación: "Se permite la reproducción total o parcial de la obra y su difusión por vía telemática para uso de los lectores, siempre que no sea con fines comerciales".

“Nosotros en cambio creemos que existe una diferencia enorme entre los distintos sujetos, y por tanto entre los distintos derechos. Podríamos decir: la libertad de la que debe disfrutar el lector individual que quiere leer nuestro libro pero no tiene dinero para comprárselo y las exigencias que se le imponen a los grandes potentados económicos no están al mismo nivel. Para escribir una de nuestras novelas hacen falta tres años de trabajo durísimo, entre las investigaciones, la redacción, las correcciones y los cientos de presentaciones por toda Italia. No podemos consentir que los grandes tiburones de la industria cinematográfica o televisiva sean parásitos de nuestro esfuerzo y -sin pagar un céntimo- hagan una película a partir del argumento que hemos elaborado, ganen millones y refuercen su posición de predominio.”

“No hacemos sino explicitar lo que está implícito. En realidad ningún autor inventa o escribe solo, y no nos referimos exclusivamente al editor o al "negro" de turno, sino al hecho de que las ideas están en el aire y no pertenecen a un solo individuo. El autor, cualquier autor, es más que nada un "reductor de complejidad" y desarrolla una función pasajera, es decir, realiza una síntesis precaria de flujos de información/imaginación que son transmitidos por toda la sociedad y la atraviesan por completo, sin tregua, como las ondas electromagnéticas. por principio, es absurdo querer imponer una propiedad privada de la cultura. Si en el fondo todo lo produce la multitud, es justo que cualquier "producto del ingenio" esté a su disposición. No hay "genios" y por lo tanto tampoco hay "propietarios". Hay intercambio y reutilización de las ideas, es decir "mejora". Ya lo decía Lautreamont: para que las ideas progresen es necesario el "plagio".

”Pensemos en los programas de "igual a igual" que permiten compartir archivos de mp3. Pensemos en las tecnologías de reproducción como los masterizadores. Su mera existencia son la prueba de que la Convención de Berna sobre los derechos de autor está superada de hecho, por el propio desarrollo de las fuerzas productivas. Dicho de manera sencilla: no se pueden lanzar al mercado tecnologías como los ordenadores, los scanner, los masterizadores, las fotocopiadoras, y luego hacer intervenir a los gobiernos y las fuerzas de la policía porque la gente los utiliza... de manera "equivocada".


Contra este enorme (y todavía no del todo consciente) movimiento, se pone en marcha una resistencia feroz por parte de las mafias de la propiedad intelectual, con el empeoramiento de las leyes vigentes. No sólo eso: se lanza además un contraataque a enorme escala para extender la lógica de la propiedad intelectual a los seres vivos y a las secuencias genéticas humanas.”

“Las pompas de jabón estallan, se redimensionan fenómenos de parasitismo que habían asumido proporciones ridículas: payasos que se embolsan millones sólo porque en el piano-bar hace treinta años que suena su único éxito, una sociedad bien conocida que monopoliza la administración de los "derechos de autor" sacando dinero gracias a enrevesadas sutilezas legales y dividiéndolo entre las Grandes familias que la gestionan, etc.

El disfrute de la música (y no sólo de la música) está cambiando, la "cultura de masas" deja el puesto a una nueva cultura "popular", en la cual cuentan cada vez más las exhibiciones en vivo, las redes solidarias, lo compartido, el háztelo-tú-mismo (autoproducción, autodistribución, el boca a boca), y a fin de cuentas va a importar poco quién ha compuesto o ha escrito tal cosa. El artista será cada vez menos Divo (o Autor) y cada vez más narrador, trovador, bardo.”

“En nuestra visión del mundo, por el contrario, el fair use es la regla, coincide en todo con el uso social, mientras que comprar un libro nuestro es la excepción (dejada enteramente a la libre elección del público). Tal excepción nos permite vivir.
Cuando compras uno de nuestros libros, estás eligiendo recompensar nuestros esfuerzos. Pero no estás obligado a hacerlo: como alternativa puedes copiarlo, descargarlo de nuestro sitio etc.

Lo que no puedes hacer es introducir restricciones a esta libertad. Entre las posibles restricciones (es decir, los usos que a nuestro parecer no son automáticamente fair) contaríamos los fines comerciales o lucrativos, amplia definición que va desde la simple puesta en venta de copias para su adaptación cinematográfica o televisiva, pasando por la compra de los derechos de publicación en el extranjero.”


Puede uno estar de acuerdo o no con los Wu Ming, pero a ellos les funciona, distribuyen su obra por vías gratuítas (internet), venden a puñados en las librerias y son protagonistas de los debates más intensos del mundo cultural italiano. Ofrecen una manera de romper el círculo diabólico en que el ejercicio de los derechos de la creación humana se encuentra, dado que no es posible, ni deseable, añado yo, meter un policía en cada terminal de ordenador y piensen que hay tecnología para hacerlo posible...
Esta web funciona con criterios copyleft, por si no se habían dado cuenta; se los recuerdo, son libres de reproducir, copiar citar total o parcialmente nuestros mensajes, siempre que se cite la fuente y no se usen con fines lucrativos. A seguir bien.
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4 comentarios

daniel -

Elena, querida... uno es lo que es. Para qué andar negándolo...

elena -

No te preocupes Daniel, abogado no es lo mismo que Licenciado en Derecho, ¿no?
Ese tipo de sutiliezas son las que ellos emplean para defender lo indefendible

daniel -

Pues yo creo esta propuesta de cualquier cosa menos utópica. de entrada es práctica, y hay todo un sector de la industria informática que se mantiene y crece alrededor del software libre (ojito "free" en inglés significa libre y gratis, pero el software libre no tiene porqué ser gratis, de hecho, no lo es siempre, y a veces el software propietario (por ejemplo el MS Internet explorer) ha utilizado la gratuidad como estrategia de implantación.

Los Wu Ming viven de la literatura y de sus intervenciones culturales, pero entienden que el modelo de copyright cerrado, a quien primero encierra es a los autores, que quedan en manos, muchas veces, de sus editoriales, y, por otra parte, dificulta algo que es esencial para cualquier obra literaria: su difusión por todas las vías posibles.

NO son nuevas utopías, sino nuevas prácticas, y su éxito las va avalando a pesar de la bandada de buitres con toga que tratan de vivir de la letra pequeña de los contratos tramposos...(parece mentira que diga yo estas cosas, siendo abogado, pero este es el único oficio donde perro come carne de perro...)

Miguel_AG -

A primera vista, el contenido de este artículo parece estar bien. ("Joder, todo es copiable, qué guay"). Pero creo que no sólo esta bien, sino que estamos hablando de una revolución; de una nueva forma de ver la vida moderna y la comunicación entre personas... Creo que el concepto de copyleft nos lleva más a unirnos como seres humanos en nuestro propio entorno cultural (o entornos culturales). Lógicamente, en estos tiempos que corren, estas son metas utópitas, pero me apunto a esta cambio radical que deja a un lado el mercantilismo que existe con la cultura, en definitiva, con nuestras vidas... Los Wu-Ming me parecen unos tíos muy inteligentes... y por supuesto, Trapera, se une al carro del Copyleft (jó!, acabo de conocerla y ya me encanta esta palabreja...)
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