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Trapera

Sin interés: VIERNES CON SABOR A SANCOCHO

(por Zambraca)

Como siempre a la hora de cenar los viernes santos sigo con la boca seca y bebiendo vasos de agua a tutiplén, no sé si ha sido por el cherne salado que le compró mi hermano a Pepote, o el mojo que hice ayer con la pimienta puta de la madre que me regalaron de Ingenio, pero lo cierto es que tengo un malestar en el cuerpo, bueno en la barriga, que no me entra ni pizca, salvo litros de agua claro está.

Y es que lo del Cherne del viernes santo se ha convertido en la familia, incluso en los peores momentos, en una tradición para reunirnos todos, y no es que seamos unos santurrones que acatan esa moral que tantos años Franco y su Opus Dei utilizaron para censurar comportamientos y dictar normas de civismo llenas de hipocresía (como cuando decían no al divorcio y si a las queridas, ese mismo doble rasero que ahora Aznar y los discípulos del franquismo practican en sus feudos de poder); es que a todos nos gusta esa comida popular que ha servido para celebrar una recogida de papas o para montar un techo en casa de un amigo.

Queda claro que para nosotros el viernes santo tiene sentido festivo, pero totalmente distinto al de la Pasión de Cristo de Gibson, aunque reconozco que el jueves por la noche acompañé a mi hermana al cine y me la tragué entera. Mi hermana que comentó antes de entrar que estaba subtitulada y tal, y encima saliendo de la sesión anterior un par de tíos con los ojos llorosos y con pañuelitos en la manos, pero al final te queda la impresión que para tantos golpes, chorros de sangre, gemidos, llantinas, etc. no hace falta gastarse los cuartos en adaptarlas a distintos idiomas; dado que Gibson puso toda la carne en el asador (y perdón por este símil) para que reflejar en su sentido más extremo el martirio, y sobre todo el mega dolor soportado hasta unos límites muy altos, que no sé si cambiando el contexto histórico podía pasar por cine sadomasoquista. En resumidas cuentas, si van al cine escojan El principio de Arquímedes, que es la que quiero ver.

Bueno, no crean que los viernes santos para mi es un suplicio, todo lo contrario, supone unos de los momentos donde más feliz me encuentro y a pesar de todas las complicaciones humanas que llevamos dentro, basta con ver este almuerzo para resumir una de las grandes pérdidas de esta civilización post industrializada, el encuentro, la comunidad, la reunión, la convivencia con los demás. Sí, todo eso lo abrevio en el sancocho familiar de un viernes santo.
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