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El mundo ante el cenit del petróleo. Parte 11: La relación entre crisis energética y el cambio climático

La energía que vemos manifestarse en nuestro planeta, salvo la que generan los terremotos y volcanes, procede de forma directa o indirecta del Sol. Las plantas toman la energía del Sol a través de la fotosíntesis, absorbiendo carbono de la atmósfera, produciendo los hidratos de carbono que constituyen sus organismos y emitiendo oxígeno a la atmósfera. Los animales consiguen su energía al nutrirse de los hidratos de carbono y respirar el oxígeno atmosférico. A lo largo de millones de años la materia orgánica de plantas y animales, rica en carbono, ha ido quedando enterrada en el subsuelo del planeta y, mediante procesos físico-químicos, se ha ido transformando lentamente en diversos compuestos orgánicos sólidos (carbón), líquidos (petróleo) y gaseosos (gas natural). Éste es el motivo por el que estos compuestos son únicos en la Naturaleza, y constituyen una acumulación de energía tan fácil de explotar.

Hace unos 250 años el ser humano comienza a quemar dichos compuestos para aprovecharse de la energía almacenada en ellos, en un proceso que en definitiva consiste en extraerlos del subsuelo, quemarlos y devolverlos al exterior, y básicamente a la atmósfera en forma de gases. A medida que se van quemando las reservas de combustibles fósiles disponibles se ha ido produciendo un incremento de las concentraciones en la atmósfera de los gases producto de su combustión (figura 9). No existen precedentes de que un proceso así haya sucedido antes en la evolución de nuestro planeta, y menos al ritmo de los últimos 150 años.

La energía obtenida de estas fuentes fósiles contribuyó al aumento explosivo de la población mundial y posibilitó un modo de vida basado en un elevado consumo energético. Al ritmo que la población y nivel de consumo fueron aumentando, también lo hicieron los requerimientos de energía, por lo que se fue acelerando el proceso de extracción y emisión de combustibles fósiles a la atmósfera.

Si la Tierra fuese ilimitada, la población y el consumo energético podrían haber continuado creciendo indefinidamente, y el reparto de los recursos podría haber beneficiado por igual a todos los seres humanos. Pero no es el caso: nuestro planeta es limitado, y por tanto también lo son sus recursos y sumideros, lo que supone que alguna vez el proceso de extracción de materiales del subsuelo y emisión de los mismos a la atmósfera había de llevar a un punto en que los recursos comenzasen a agotarse y los sumideros a saturarse.

Y en ese punto estamos: mientras la humanidad continúa creciendo en población y en necesidades energéticas, los geólogos advierten que cada vez va a ser más difícil mantener el suministro de combustibles fósiles -empezando por el petróleo y el gas natural-, y los climatólogos están avisando de que el notable incremento detectado en las concentraciones atmosféricas de los gases producto de su combustión no tiene precedentes en los anteriores cientos de miles y probablemente millones de años. Entre los gases emitidos destaca el anhídrido carbónico (CO2) que tiene la propiedad de actuar como un “invernadero” para la radiación infrarroja que emite la Tierra, por lo que los expertos consideran que puede estar generando un calentamiento atmosférico global que puede intensificarse los próximos años, y más si continúan las emisiones.

A partir de este punto es imposible saber qué puede pasar en los próximos años, tanto respecto a cómo será el proceso a través del cual nuestra especie se tendrá de ir adaptando a vivir con cada vez menor disponibilidad de energía procedente de los combustibles fósiles, como respecto a la respuesta que pueda tener el clima mundial ante la acumulación de determinados gases de invernadero en la atmósfera.

De momento, lo que resulta paradójico es que, mientras en los foros internacionales sobre cambio climático se habla de la necesidad de reducir urgentemente las emisiones de CO2 a la atmósfera para frenar el calentamiento global, en los foros sobre los retos energéticos de nuestro tiempo se habla de la necesidad de que aparezcan nuevos yacimientos de petróleo para poder cubrir la demanda hasta la aparición de otras fuentes de energía que puedan sustituir al “oro negro”. Ambas necesidades son incompatibles entre sí.

 

 

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["Informe sobre el Cenit de la producción mundial de petróleo" realizado por Fernando Bullón Miró en octubre de 2005 para AEREN (Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos) y publicado por Crisis Energética]

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