
Por Hideyoshi
Hay historias que valen la pena ser escuchadas y contadas, otras ser vividas. Da igual si el recuerdo de las mismas es verdadero o idealizado, sólo importa el hecho de que nos reconfortan con el calor de una manta en un día de invierno, arropándonos de forma sencilla. No es cuestión de vivir o idealizar el pasado, simplemente de no olvidarlo, de aprender de él; quedarnos con lo bueno que cada experiencia y persona nos aporta, como decía Thoureau, “sorberle todo su jugo a la vida”.
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