
Por Hideyoshi
Lanzarote era, y en cierto sentido sigue siendo, uno de esos lugares donde cualquiera se puede sentir en comunión con la Naturaleza, pero a la vez conmovido y abrumado por la grandiosidad de la misma. Un paisaje de postal, que se nos instala en la retina, ya algunos en el corazón, desde el mismo momento en que nuestros pies tocan su tierra. Una isla donde las distancias hacen que todo esté al alcance de la mano….un verdadero reclamo para el alma, pero también, por eso mismo, un reclamo para el negocio, la especulación y el crecimiento incontrolado que un turismo mal entendido genera.
Aún recuerdo como al acabar la carrera, un grupo de personas de diversas disciplinas (historiadores, geógrafos, gentes de ciencias del Mar, etc.) nos dirigimos a esa isla a petición de la gente del Foro de Lanzarote, a
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